
Felipe colocó sus libros sobre la mesita de su habitación, miró la cartilla de notas con evidente satisfacción, y, acto seguido, bajó de prisa las gradas de la planta alta dirigiéndose a la cocina donde su madre preparaba los alimentos.
-Madre...
-Felipe...no te sentí llegar del colegio- replicó la joven señora un tanto sorprendida
-Traté de entrar en forma sigilosa-explicó el muchacho- Tengo una sorpresa para mi padre y para ti, pensé que lo encontraría a él en casa
- No hijo, él viene a almorzar hasta un poco antes de las doce, y son apenas las 10:30. A propósito ¿por qué saliste tan temprano de tus clases?
- ¿Olvidas que hoy fue la entrega de notas? Las clases terminaron, mamá, estoy de vacaciones -exclamó Felipe levantando los brazos con júbilo
-Tienes razón, hijo, lo había olvidado, y...¿te dieron tus notas?
- Por supuesto...esa es la sorpresa
Doña Sandra dejo el quehacer momentáneamente, secándose las manos con el guardapolvo. Fijó la mirada en el adolescente y en su hermoso rostro se dibujó una sonrisa de maternal complicidad
-¿Y bien? inquirió
-Quiero darle los resultados a los dos durante el almuerzo, y hacerles una petición
Ella sonrió con gesto de complacencia
-Bien- susurró- ¿tienes hambre?
-Esperaré hasta el almuerzo, tomaré un refresco y saldré al patio a jugar pelota con mi perro "Bucanero"
-Me parece una buena idea -dijo ella retornando a sus quehaceres.
Más tarde, don Ricardo repasó las notas con satisfacción
-Tengo que felicitarte, hijo, cumpliste lo que prometiste y fuiste más allá, obtuviste la medalla al mérito estudiantil Tu madre y yo estamos orgullosos de tu desempeño en el colegio
- Gracias a los dos- repuso Felipe- Le dije a mamá que deseo hacerles una petición
-Tu dirás -dijo don Ricardo
-Recuerdo que me ofrecieron enviarme de vacaciones al lugar que desee si sacaba buenas calificaciones ¿no es cierto?
-Así es -ratificó don Ricardo- ¿Tienes algún lugar en mente?
-Claro, deseo pasar una semana en la granja del tío Tomás
Los padres cruzaron entre sí una mirada de asombro
- ¡Otra vez! El año pasado estuviste allá -señaló don Ricardo
- Y también el anterior...y el de más antes- puntualizó doña Sandra- ¿Acaso no te gustaría ir al mar o pasarte unas vacaciones en la capital con tus primos?
-¡No! definitivamente quiero ir a la granja del tío Tomás
Los esposos tornaron a mirarse con evidente desconcierto
- De acuerdo- dijo don Ricardo- pero debes explicarnos por qué siempre escoges el mismo sitio para vacacionar, lo normal sería que cada año fueras a lugares diferentes ¿no crees?
-Bueno,sí...pero en la granja de tío Tomás hay un sitio que me atrae mucho, no les diré por qué porque yo mismo no lo entiendo del todo- afirmó Felipe
- ¡Un enigma! Tienes una mente demasiado imaginativa, hijo- concluyó la señora
Al llegar a la granja, después de una cena opípara con el tío Tomás, Felipe anunció que daría una vuelta por los alrededores, y, como es de suponer, se dirigió a aquel sitio que tanto le intrigaba. Era una vasta explanada rodeada de unos pocos robledales y breves colinas. Empezaba a anochecer y en el cielo despejado comenzaban a brillar algunos luceros
-Si...estoy seguro que este es el lugar que siempre aparece en ese sueño recurrente- dijo Felipe como hablando consigo mismo-Apostaria que ninguno de mi amigos escogería este sitio para pasar sus vacaciones si sus padres le dieran la oportunidad de elegir otros sitios, sin embargo, yo siempre escojo este lugar, ya es la cuarta vez que estoy aquí y si me lo preguntan diría que es porque me provoca una sensación extraña, como de curiosidad y de indefinible temor...
Caminó unos pasos y fue a sentarse sobre el cimiento de piedras que rodeaba la explanada, sus ojos clavados fijamente en el cielo, como si le formulase una pregunta apremiante, tanto más apremiante cuanto más se prolongase la respuesta.
-En mi sueño estoy aquí, mirando al cielo como en este momento, de pronto aparecen centenares de aviones de guerra procedentes del sur y otros tantos del norte. Vuelan a gran altura en direcciones opuestas, y son aparatos de todos los tipos dando la impresión de que van a trabarse en un feroz combate. Es una escena que me aterroriza y a la vez me fascina, especialmente cuando veo desprenderse los primeros aparatos envueltos en llamas y humo. Hay uno que parece dirigirse al lugar en que me encuentro y esto me hace saltar. Alcanzo a distinguir al piloto que me observa con un gesto burlesco indefinido mientras sigue su camino hacia el desastre. Es una mirada peculiar la que distingo tras sus gafas forradas de cuero, adheridas a su cofia militar. Le veo caer en medio de los árboles como a un centenar de metros del lugar en que estoy, entonces comienzo a correr desesperadamente hacia la arboleda opuesta, sobrecogido de pavor y me quedo tendido entre la maleza mientras en el cielo sigue aquella lucha. No se cuanto tiempo permanezco ahí, pero cuando abro los ojos todo a pasado, hay una calma y un silencio impresionantes...
Felipe siguió visitado la granja todos los años, incluso después que murieron sus padres y el tío Tomás. Hoy todo ha cambiado. Mirando a través de la ventanilla lateral de su pequeño auto utilitario, su mirada recorre aquel paraje detenidamente en tanto se dibuja en su rostro un gesto de vaga nostalgia.
-Quien iba a decirme que este sitio se convertiría en lo que ahora es- murmuró en voz baja al tiempo que ponía en marcha el automóvil- Quién iba a decirme que yo trabajaría en este aeropuerto. Mis padres jamás lo imaginaron, y cuando mi tío Tomás vendió la granja al gobierno tampoco imaginó que esto sucedería. Yo si tuve cierta sospecha por aquel sueño recurrente que, por cierto, nunca más volvi a tener. Ahora es solo un recuerdo, insólito siempre, pero sólo un recuerdo.
El pequeño auto tomó la autopista velozmente con dirección a la distante ciudad.
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