ARTE DE PENSAR

viernes, 3 de febrero de 2012

LA CIUDAD QUE BORRÓ SUS HUELLAS, Capítulo 20




A partir de aquella fecha, la Escuela de Maestros fue escenario de rumbosas fiestas. El estudiantado fue experimentando un cambio lento pero radical, perceptible no sólo en la indumentaria sino en la forma de hablar y en las conductas exhibidas por los jóvenes. Se diría que buscaban afirmar una personalidad rebelde a todo tipo de sometimientos o quizás encontrar la identidad perdida en un mar de novedades,confusiones y dudas.

A ese cambio contribuyeron en gran medida algunos muchachos llegados de otras regiones del país, acostumbrados a comportamientos mucho más permisivos. Eran, justamente, esas conductas novedosas lo que rodeaba a aquellos jóvenes de un carisma singular entre el resto de sus condiscípulos. En el pueblo también se estaban dando cambios importantes. Cada vez eran menos los ancianos que salmodiaban la vieja cantinela de: “El general Zenón Moscoso fue el único que nos dio la paz...” La oración quedaba inconclusa, bien porque quienes la pronunciaban pasaron a mejor vida, o porque avizoraban, estupefactos, una nueva realidad en la que ni ellos ni sus dichos tenían cabida.

El conjunto musical de Gil Soto comenzó a perder clientela. Cualquier fiesta resultaba un fracaso si no se traían grupos musicales de otras regiones, preferiblemente los que eran expertos en la ejecución de ritmos modernos, y estaban dotados de gran instrumental y novedosa coreografía.

Las calles del pueblo, antes pobladas de guijarros, luciérnagas y silencio, comenzaron a llenarse de toda suerte de ruidos. Y en los inmensos huertos y traspatios, fueron tomando forma edificaciones de estilos ostentosos dedicadas a viviendas o negocios.

-¡Acérquense todos! ¡Acérquense a esta unidad de sonido! Estamos ofreciéndole la gran oferta del año: tres camisas de moda de la marca “Limp”, por el increíble precio de veinte pesos. Y para las damas y damitas: blumeres estilo bikini, a sólo diez pesos la unidad. Además, por su compra le regalamos un frasco de perfume “Aramís”, el rompe corazones...

-Amigo: si usted padece de agruras y dolores abdominales, ya no se preocupe. Le ofrecemos el inmejorable “Jarabe Bituminoso”, efectivo para esos males. ¿Sabe usted que los gases intestinales son capaces de atravesar una tabla de una pulgada de grueso? Si. ¿Cuántos quiere, caballero?, Aquí los tiene. ¡Sigan acercándose! ¡Sigan acercándose!

-¡Vengan! ¡Vengan! Lleven las mejores colchas para el frío más crudo. No pierda la oportunidad. Colchas finas, garantizadas: se acuestan dos y amanecen tres...

En el barrio Guayacán, en las afueras, todas las noches se estacionaban docenas de vehículos frente a una moderna edificación que parecía casa de familia. El local era propiedad de un extranjero, recién llegado al pueblo, llamado Obdulio Casaca. Era una casa de citas, y ahí se reunían los personajes más adinerados, siendo atendidos por jóvenes prostitutas que Casaca había reclutado en la costa.

Pero no todos los forasteros que llegaron a Opamane Chago eran de la calaña de Casaca. Al pueblo llegó también Buchinas Zweb, inmigrante rumano experto en la fabricación de objetos decorativos, en cuya elaboración utilizaba toda suerte de desechos. Zweb fundó una Escuela de Artesanía que llegó a ser famosa en todo el país.

Por es época, Gladis Rusiñol regresó de los Estados Unidos graduada en alta costura, modelaje y etiqueta social. Presumía de haber realizado sus estudios en una prestigiosa escuela de refinamiento femenino de aquel país y lucía verdaderamente transformada, tanto en el hablar como en el caminar. Había que ver como se cimbreaba con sensual vaivén, ante la mirada perpleja de los cándidos chagueños. Miradas de admiración o de oculta lascivia, que Gladis ignoraba con arrogante desplante. En el pueblo también estaba desapareciendo la antigua galantería silenciosa, dando paso a los piropos insinuantes, atrevidos o decididamente vulgares.

Una infortunada mañana, Gladis transitaba por la principal calle del pueblo, recibiendo como de costumbre el torrente de expresiones galantes de los transeúntes. Aquel fue un día funesto para la orgullosa jovencita, pues “Pecho flaco” Pérez, el conocido vagabundo que solía perder la razón con los cambios de luna, la persiguió a lo largo de dos cuadras por la calle central, con la mirada extraviada y los brazos extendidos en intención de atraparla. El orate caminaba tambaleante, profiriendo una sarta de frases indecentes y haciendo gesticulaciones obscenas. Sobra decir que la muchacha fue presa del pavor ante el inesperado acoso del lunático envuelto en sucias y raídas vestiduras. Tal fue su pánico que se le olvidaron las reglas del buen andar, y su paso, al emprender veloz carrera, se volvió tan desmañado y tosco como el de las lugareñas. Ese día, muchos de los que presenciaron la escena, comprendieron que había algo falso en el comportamiento de Gladis, y que seguía siendo una paisana, pese a su recién adquirida costumbre de decir “Jai” cuando se encontraba con amigos o decir “bay, bay” cuando se despedía de ellos.

El presidente Gabriel Zeledón estaba por concluir su mandato, pero mal aconsejado por algunos de sus cercanos y ambiciosos colaboradores, comenzó a acariciar la idea de un posible continuismo. “La nación necesita de su clara inteligencia y de sus afanes de progreso”, le susurraron hasta el cansancio sus avorazados consocios políticos, y él, que había jurado en sus discursos de campaña oponerse a todo tipo de ilegalidades, fue hallándole un encanto singular a aquella frase que tanto le repetían. En una reunión secreta con sus más cercanos colaboradores, determinaron las estrategias a seguir con vista a las cercanas elecciones.

-Lo toral es hacerle ver a los correligionarios que la próxima Asamblea Legislativa debe estar integrada por hombres de probada lealtad al presidente, y de entera confianza del partido –les dijo Zeledón a sus acólitos, al tiempo que expelía una densa bocanada del humo del habano proverbial.

Aquella reunión fue memorable, el presidente la aprovechó también para informar a sus colaboradores sobre un importante tratado que su gobierno estaba a punto de suscribir con una poderosa nación extranjera. Se trataba de un acuerdo delicado, cuyos puntos medulares se habían mantenido en estricto secreto, por temor a que su divulgación suscitara una reacción popular de alcances imprevisibles.
Diego Valverde, diputado y cacique de Valle Sur, con parsimoniosa elocuencia se dirigió al mandatario.

-Quiere usted explicarnos, excelencia, ¿Cuál es la parte medular de ese tratado?, Por lo que veo, le provoca a usted muchas preocupaciones. En todo caso, debo reiterarle que cuenta con nuestro apoyo incondicional.

El presidente esbozó una sonrisa con evidente satisfacción.

-Bien, señores. Reconozco que esperaba esa pregunta, amigo Valverde, y voy a contestarla sin ambages. Eso sí, advirtiéndoles que la cuestión tiene carácter sumamente confidencial. No debe haber ninguna indiscreción sobre lo que estamos hablando ¿De acuerdo? Bien. Señores: El tratado a que me refiero está destinado a modificar la estructura de la milicia para hacerla más moderna, más operativa, y capaz de garantizar el orden interno en cualquier circunstancia. Para ello contaremos con asesoría y recursos internacionales. Como político, sé de qué regiones del país pueden surgir peligrosas alteraciones del orden público. Conozco bien este país, y sé que eso puede suceder particularmente en la región costera, y en ese pueblo arisco de Opamane Chago ¿No es cierto?

Los circunstantes aprobaron con movimientos de cabeza y cuchicheos entre sí. Zeledón continuó:

-Ustedes saben que mi experiencia política me permite conocerla psicología de ciertas regiones de este país, y esas que les he mencionado son regiones verdaderamente peligrosas. Hoy mismo confirmé esta tesis. Fíjense que hace un par de días le giré una orden al comandante Villaverde de Opamane Chago, para que enviara quinientos reclutas en el término de la distancia a fin de incorporarlos a la milicia ¿Saben qué me contestó Villaverde?...

El mandatario expelió el humo del habano con gesto arrogante, ante la muda expectación de los oyentes.

-Me comunica que vienen en camino nada menos que dos mil reclutas. ¡Así como lo oyen! ¿Saben ustedes lo que eso significa? Pues que esa gente lleva lo guerrero en la sangre. Son ellos los que han puesto y quitado gobiernos en el pasado, y por eso he creído imperativo mantenerlos bajo control. Esos indios, dirigidos en contra nuestra, son capaces de botarme del poder. Pero hay diferentes maneras de controlarlos, el acuerdo que voy a firmar es parte de eso, pero no es todo, la parte quizás más importante les toca a ustedes, señores. Es necesario que me garanticen el control político en sus comunidades, recuerden que la próxima legislatura es la que va a aprobar y ratificar ese tratado. ¿Me garantizan ustedes el control de la cámara legislativa en la próxima elección?

Hubo un breve silencio entre los circunstantes. Luego, las voces sonaron exaltadas.

-Puedo asegurarle, señor presidente, que en Monte Negro el triunfo será total. Espero, eso sí, contar con el apoyo pecuniario de su Excelencia  –expresó Ruperto Salguero, mandamás político de aquella región.

-¡Lo mismo digo, señor presidente! –Agregó Eleazar Bones emocionado- Cuente con Santa Marcela en forma incondicional.

-¡Y con San Jacinto!

-¡Colina Ribereña, igual!

-¡Y San Carmelo!

-Solución lógica. Su excelencia debe confiar en la estructura de
nuestro gran partido –expresó Diego Valverde con voz engolada- Mucho más si nos respalda una fuerza armada entrenada con nuevas técnicas. El triunfo será total. ¡Felicitaciones, señor presidente!

-Perfecto, excelente, señores. Ahora a llenar esas urnas de votos. Ustedes saben cómo hacerlo.

Seguidamente, el mandatario invitó a un brindis. El salón bullía de entusiastas comentarios y sonoras carcajadas. Los politicastros rebozaban de satisfacción.

En Opamane Chago seguían dándose transformaciones sorprendentes, se diría que una extraña alucinación iba apoderándose de sus habitantes en forma lenta pero radical.

Surgieron manteados atr avesando las calles principales con leyendas como éstas: “Martes, a las 7 p.m. Gran Concurso de la Belleza Chagueña. Amenizarán:”The Monsters°.

Era comentario general la apertura del “Cine Monumental” y la discoteca “Avernus”. Por todas partes se oía de organizar “Baby Showers”, “Open House”, de comprar en el “Súpermarket”, de organizar “Campins”, “Week ends”, “Partys”, okey, bay bay, money, money.

Un repentino viaje al extranjero que realizó Arcángelo de la O , en compañía de Jaime Rusiñol, despertó las más variadas especulaciones en el pueblo. Se aseguraba que iban a comprar la maquinaria de una fábrica que instalarían en el pueblo.

-Será una procesadora de fruta, con capacidad para producir dos mil latas de conserva por hora –comentó alguien con aires de gran conocedor ante un grupo de embebidos interlocutores.

Y en otra parte de la población:

-Fueron a traer una fábrica de textiles, no hay duda, las pueden esos gallos.

Y en otro sitio:

-Es algo que ustedes ni se imaginan. Yo hablé con Arcángelo antes del viaje, van a montar aquí una línea de autobuses de lo más moderno. Arcángelo me lo dijo en confianza, somos parientes –afirmó un sujeto con aires de autosuficiencia.

Opamane Chago: Master en Bussines Administratión, Suma Cum Laude en soberbia y alucinación. Pocos días después se despejó la incógnita. Arcángelo y Rusiñol regresaron al pueblo en compañía de un grupo de extranjeros. Llegaron en un enorme avión, en el cual traían hasta un auto vivienda, el primero de ese tipo que se conoció por ahí. Más tarde, aterrizó otro aparato de igual tamaño cargado de materiales y con otra docena de personajes extranjeros.

Todo el pueblo literalmente corrió hacia el aeródromo.Intentaban admirar los grandes aparatos y recabar noticias de primera mano. Un grupo de chiquillos descalzos logró arremolinarse en torno a los pilotos, oyéndoles hablar en aquella lengua extraña de la cual aprendieron algunos términos como: Hércules C-l30, estol, olráit, petrol, alfa, bravo, papa, repitiéndolos después cuando jugaban a ser aviadores encaramándose en los árboles. Sin embargo, nadie fuera de los que ostentaba algún tipo de autoridad oficial, lograron acercarse al aeródromo. Una férrea formación de soldados, enfundados en extraños uniformes moteados, portando modernas armas y aparatos de comunicación, impidió el paso de la multitud. Era un contingente que irrumpió en el poblado en altas horas de la noche anterior, y habían atravesado los carros de combate en la vía de acceso al aeródromo.

El asombro de los chagueños fue creciendo al paso de los días. En el viejo aeródromo se efectuaba una actividad febril de
máquinas y hombres. Como por arte de magia fueron surgiendo grandes edificaciones de madera y concreto, así como una extensa pista de aterrizaje dotada de torres y hangares, todo ello construido en los predios en que antes pastaba el ganado o crecían libremente los robles y las encinas. La zona quedó definitivamente vedada para el pueblo.

Y cierta noche, en Opamane Chago ocurrió lo inesperado. Los lugareños que en gran número ya poseían televisores, captaron sorprendidos una nueva señal que se identifico como “Arcañol TV. Canal l00”. Era una señal local, con variada programación a color.

El acontecimiento afectó a todos en forma extraordinaria. Del fatalismo y la conformidad ancestral fueron derivando hacia una especie de engreimiento mal disimulado. En la capital comenzaron a referirse con insistencia al acelerado desarrollo de la región, y los chagueños, a fuerza de tanto ser mencionados, comenzaron a adoptar aires de vana y ostentosa soberbia.


Libro: LA CIUDAD QUE BORRÓ SUS HUELLAS, José Winston Pacheco
Imagen: Imágenes Google/grupoheliconia.blogspot.com

No hay comentarios: