ARTE DE PENSAR

miércoles, 11 de enero de 2012

LA CIUDAD QUE BORRÓ SUS HUELLAS. Capítulo 15



La Taberna era un antro convenientemente disimulado, instalado en el pueblo gracias a las influencias de su propietario con los poderosos. Era propiedad de un extranjero que llegó a Opamane Chago después que graves acontecimientos políticos ocurridos en su país, le obligaron a tomar el camino del destierro.

Narciso Florenciano, el sujeto en cuestión, era un personaje labioso y servil, características que le valieron para ganarse el favor de los caciques de la región. 

Después se supo que llegó con las faltriqueras llenas de dinero, producto de unas donaciones hechas por instituciones extranjeras para aliviar las secuelas de la guerra civil que asolaba su patria. “Tomó los fondos el muy sinvergüenza. Hizo noche sin mañana el miserable, pero del cielo a la tierra no hay nada oculto”, comentaban los chagueños entre dientes.

En La Taberna se armaban ruidosas francachelas noche con noche. Florenciano actuaba con lisonjera obsequiosidad, como convenía a sus intereses. Orondo, genuflexo, sonriente en todo momento; no se daba tregua ordenando y disponiendo todo a fin de que sus influyentes parroquianos se sintiesen cómodos y satisfechos.

Con voz chillona y afeminada, daba órdenes a las sirvientas procurando que lo escucharan sus clientes: “Vamos, chicas, no se atrasen, sirvan a los señores una botellita de Old Parr con boca de carnitas, la casa paga”.

Pero, como es de imaginar, los señorones no se conformaban con aquellas atenciones. En cierto momento, ya embotado por la bebida, el sargento Maximiliano Espino fiel guardaespaldas del comandante Villaverde, el sucesor de Mardoqueo Menoyo, se acercó a Florenciano y con voz gangosa le dijo:

-¡No jodás, Floren, aquí nos atendés pijudo, pero te hace falta lo mejor!

-¿Cómo qué, mi sargento? –inquirió el tabernero con fingida sorpresa.

-¡Cipotas, hombre, cipotas! Mirá, quedarías como anillo al dedo con mi comandante Villaverde, y además de garantías para el negocio hasta te daría raja. ¿Ves?

-Pero es que... ¡Uy!... yo no he pensado en eso.

-Dejáte de pendejeretas. Vos tenés chispa para convencerlas, ya lo hemos notado. Perdoná que sea directo, pero ya sabemos que a vos no te interesan, pero conseguilas para nosotros hombre, ya estamos cansados de las viejas de la casa. Queremos cipotas, entre más pichonas mejor. ¿Entendés?

-Pero es que dicen que aquí nunca ha habido un burdel. La gente se me va a tirar encima. Ahora, si ustedes me garantizan, yo les traigo una docena de pichonas de la costa, pero sólo para ustedes, se sabe.

-Si serás miedoso, Floren. Si aquí mandamos nosotros ¿Quién puede atreverse contra mi comandante Villaverde? Nadie, cabrón, nadie.

-Bueno, eso no lo pongo en duda, pero...

-No te chorries, cabrón, oíme...y estas cipotas que tenés aquí trabajando no querrán...no están del todo feas las jodidas.

-Pero mi sargento, estas son muchachas de casa, ellas me han dicho que sólo se entregarán al marido y a nadie más.

-¡Pendejeretas! Les damos unos pesos y ya. Vos tenés cuartos adentro, verdá.

- Si...y bueno, por riales talvez quieran. Voy a poner música en la rockola y después les voy a hablar a las cipotas, pero eso sí, dígale al comandante Villaverde que quiero garantías... ¿Oiga?

-¡Eso, mero, Floren!... Y nomás fijate quienes te respaldan, mi comandante Villaverde, Fofo el juez, y para qué seguir hablando. Estás parado, pendejo.

Como es de imaginar las muchachas se resistieron ante semejantes pretensiones, pero fueron sometidas con amenazas.

Según contó después Pío García, fue en aquel infame antro donde obligaron a su hermana Olegaria Rosa, a penetrar en un mundo impúdico y libidinoso.

Eulogio García, padre de Olegaria Rosa, demandó justicia ante el vil ultraje de que fue objeto su hija. Su queja se elevó airada, recorriendo todas las instancias, sin obtener respuesta. Aquel hecho provocó la indignación del pueblo.

Impotente, dolido en lo más íntimo, Eulogio se sumió en un pesado mutismo, le escocía el alma encontrar a su hija llorando a solas, en la cocina de la humilde vivienda o mientras lavaba la ropa en el pozo cercano. Allá en la soledad de su labranza, Eulogio desahogaba su furia haciendo pedazos un tronco con duros golpesde hacha, secos y certeros, que resonaban en el  bosque como un alarido.

Exhausto, con la mirada perdida, pasó horas enteras afilando su cuma hasta hacerle brotar iridiscencias plateadas. Sus ojos fríos se concentraron en aquel brillo mágico, y su corazón se agitó hasta el punto de estallar. Parecía poseído por una fuerza maligna devoradora, y, en cierto momento, de su pecho escapó un grito desgarrador que penetró como daga en lo más profundo de la arboleda.

-¡Me la pagarán, malditos, así!

La cuma rasgó el aire con silbido de áspid, clavándose profundamente en el tronco de un ocote.

Y le pagaron el agravio. Después de ingerir varios huacales de chicha, Eulogio, con la cuma al hombro, tomó el camino hacia el pueblo. Iba presuroso, jadeante, como empujado por aquella fuerza que lo poseía, sin detenerse a mirar como en otras veces la agresiva floresta.

Entró intempestivamente a La Taberna , donde en ese momento departían, entre tragos y carcajadas, Fofo el tinterillo, Narciso Florenciano y el sargento Espino.

Eulogio emitió un alarido extraño, que rememoró – para quienes lo escucharon- el grito de guerra de sus antepasados. Luego, sin mediar palabra, acometió a los hombres en forma sorpresiva hiriéndolos de muerte, hasta verlos derrumbarse como haces de paja por el suelo.

La noticia se esparció por el pueblo con celeridad inusitada.

Patrullas armadas fueron destacadas por Villaverde en persecución del victimario. Sin embargo, acostumbrado Eulogio a abrirse paso por las veredas más intrincadas de Opamane Chago, pronto se internó en las espesas faldas del cerro Adormidero.

Así fue como Pío García, su madre Cayetana Roques y su hermana Olegaria Rosa, tomaron el camino de la costa, forzados por las circunstancias, dejando el pueblo nativo quizás para siempre.

Libro: La ciudad que borró sus huellas- José Winston Pacheco
Imagen/Imág. Google/es.dreamstime.com

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