Después de la decimocuarta pieza musical, una ráfaga de aplausos resuena en el amplio salón premiando los atributos artísticos del trío de cuerdas. El violinista anuncia la última participación.
La cadencia armoniosa del ritmo, deambula al niño por paisajes diversos. Un hermoso campo verde salpicado de girasoles, jazmines y lirios de vistosos colores y efluvios místicos, se abre a sus tiernos sentidos.
Él, corre cogido de las manos de su padre y su madre. Sonríe felizmente ante la dicha del mundo.
Un fuerte golpe en su costado lo hace abandonar bruscamente su felicidad. Un hombre que abandonaba a prisa el teatro tropezó con él, despertándolo.
Aquella decrépita figura infantil, recoge sus pertenencias: un cartón y su caja de lustrar zapatos. Se levanta y se dirige en busca de una acera más segura.
Su mancillada carita esboza un gesto indescriptible.
De sus ojos brota llanto, ese llanto... no era producto del golpe.
Imágen: Imágenes Google[Niño violinista, Obra de Román Ribera Cirera=foroxerbar.com
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