ARTE DE PENSAR

jueves, 20 de octubre de 2011

IMPERFECTO AMOR. Capítulo 10

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El sonido de la campana seguido de las carreras de los chicos, me sacó súbitamente de aquella especie de contemplación extática en que había caído mientras desfilaban por mi mente las escenas más cálidas  desde mi llegada a Santa Marta de la Colina.
  -Profesor Bruno, tiene vacante a esta hora ¿verdad? –escuché que me decían.
  -¿Eh? ¿Vacante?... pues no sé….quiero decir, si, sí, parece que a esta hora tengo libre- contesté, al tiempo que trataba de comprobarlo en mi libreta.
  -El Consejo Directivo está reunido, me pidieron le avisara que lo están esperando – dijo el profesor Moncada encaminándose, acto seguido, hacia una de las aulas.
   -Gracias, profesor, voy ahora mismo – repuse.
Di unos cuantos toques en la puerta de la Dirección. Al entrar noté que había cuatro compañeros de trabajo reunidos con el director. Ellos formaban el Consejo Directivo  y se reunían cuando había que asumir decisiones trascendentales para la institución
  -Buenos días, compañeros –dije saludando en general.
 -Adelante –contestó el director Silvano Rocas, viejo maestro de complexión mediana y aspecto adusto- Tome usted asiento, por favor. Sólo faltaba usted para dar inicio a la sesión.


Ocupé un asiento. No pasó desapercibida para mí la expresión grave de todos los presentes. Intuí que algo importante se discutiría en esa reunión.
  -Profesor De la Fuente, como presidente del Consejo Directivo del colegio San Clemente, es mi deber informarle que esta instancia ha tomado una resolución sobre la solicitud de licencia que usted nos presentó –anunció el director Rocas, al tiempo que se ajustaba los lentes sobre la nariz- Antes, sin embargo, hemos querido escuchar de su propia voz si mantiene en pie su solicitud o ha pensado en reconsiderarla, además, debemos informarle de otras cuestiones bastante delicadas. Así que tiene usted la palabra.
Miré a mis compañeros con cierta inquietud. No parecían los hombres y mujeres de siempre, ocurrentes y dicharacheros. El profesor Álamo, de ciencias sociales, esbozaba una sonrisa forzada, casi una mueca. La profesora consejera, Anita Rosas, tan simpática y equilibrada, lucía desanimada y era evidente que rehuía mi mirada. La subdirectora Arancibia, de fuerte carácter y continente hasta cierto punto altanero, me observaba detenidamente tras los grandes y redondos aros de sus lentes, como si desease penetrar en mis pensamientos, y el profesor Henríquez, tan jovial y ocurrente siempre, me pareció en esa ocasión un tanto meditabundo, preocupado en extremo.
  -Naturalmente que sostengo mi petición de licencia- afirmé con convicción- Necesito arreglar algunas cosas.
Observando  cuidadosamente una hoja de papel el director Rocas prosiguió:
  -Usted nos plantea aquí la necesidad de atender asuntos personales urgentes, como fundamento capital de su solicitud ¿No es cierto?
   -En efecto, así es
 -De acuerdo. Su solicitud parece conforme con el reglamento, sin embargo, según me lo ha manifestado, este Consejo desea discutir previamente con usted un asunto que la profesora Arancibia le hará saber en este momento, se trata de algo delicado a todas luces, pero que estamos obligados a resolver ahora mismo. Profesora Arancibia, tiene usted la palabra.
  -Efectivamente- repuso la aludida con tono grave- Tengo aquí, profesor De la Fuente, un acta de sesión anterior de  este consejo que en su parte resolutiva determina que usted ha venido cometiendo serias infracciones a las leyes educativas vigentes, en lo que concierne a su relación con los alumnos, específicamente con las señoritas. Tenemos conocimiento de que usted  ha violentado el espíritu y la letra del título….déjeme ver….sí….del título “De los profesores”, capitulo séptimo, artículo 20, de la ley educativa vigente…permítame que se lo lea, dice aquí…dice aquí….
Me quedé de una pieza, como si me hubiesen dado un mazazo inesperado en la nuca. No obstante, reaccioné a tiempo.
  -No es necesario que lo busque, señora subdirectora- indiqué con voz firme- conozco bien ese artículo, es el que señala que los profesores tenemos estrictamente prohibido todo trato amoroso con los alumnos de la institución.
Ella achicó sus ojos hasta que adquirieron la apariencia de dos rayas tras los lentes.
   -En efecto, así es…y califica también esta conducta como muy grave y a la que se deben aplicar sanciones del mismo tipo- añadió la profesora Arancibia con voz fría, metálica.
Se hizo un silencio pesado en la reunión. Un ave volandera apareció de pronto tras los ventanales haciendo  alocados giros en su vuelo. Planeaba, piaba, revoloteaba, retornaba una y otra vez en su vuelo juguetón y errático.
Era evidente que algunos de los compañeros se encontraban incómodos en medio de aquella situación embarazosa.  Yo, por el contrario, experimenté una extraña oleada de jubilosa satisfacción. Muchas veces, en el curso de los años, me había hecho a la idea de lo que sucedería si me encontrase en medio de un caso parecido.
El ave volandera  torno a girar, gorjear,  revoloteando insólitamente tras el ventanal.
  -Señores- exclamé poniéndome de pie- ¿Qué es esto? Esta situación me sorprende y me indigna. Si ustedes no me dan una pronta explicación sobre semejante acusación, me siento inclinado a sospechar que se trata de una pobre estratagema para violentar mis derechos como docente. Así que les ruego que hablen con claridad para poder entendernos.
  -¿Estratagema de quién o de quienes? Es usted quien debe ser claro en sus apreciaciones, señor mío, recuerde que se encuentra frente al  Consejo Directivo, y lo que está diciendo es una acusación seria – tronó la profesora Arancibia con acento cáustico
  -La acusación me la hace este Consejo a mí –puntualicé con convicción- Y como usted lo dice, se trata de una acusación seria. De modo que exijo formalmente se me presenten las pruebas de lo que se afirma en esa acta  a la que usted hizo alusión. Quiero pruebas de que mi relación con alguna señorita de este colegio ha sido indebida o inapropiada. ¿Está claro?
  -Yo opino que el profesor De la Fuente debe calmarse- Intervino el profesor Álamo con gesto aparentemente conciliador- Si se le ha convocado a esta sesión es para dilucidar esta situación en forma profesional. No veo por qué debamos exaltarnos o llegar a extremos que nadie desea. Considero que este problema puede resolverse aquí mismo sin mayores escándalos.
   -Un momento, señor  –dije dirigiéndome a él - Lo que se discute aquí no es la simple travesura de un alumno o cosa por el estilo. Este Consejo ha dejado constancia de que su servidor ha violentado las leyes educativas al sostener relaciones indebidas con alguna alumna. No sé a que alumna se refiere, y espero que me lo digan claramente. Como estoy  seguro de que no podrán hacerlo por tratarse de una falsedad, le exijo hoy, en este momento, a este Consejo, que me certifique las pruebas correspondientes que le sirvieron de base para tomar una resolución como esa. Es más, exijo que se citen aquí, ahora mismo, a la señorita o señoritas perjudicadas ¿Está claro?
    Los miré revolverse en sus asientos con desasosiego. El director Rocas, visiblemente nervioso, y tratando en lo posible de mantener una actitud ecuánime, intervino en el debate.
  -Debo admitir que el Consejo se precipitó al tomar esa resolución en la sesión anterior, y, sin duda, debemos ver la forma de corregir ese lapsus, para bien del profesor De la Fuente y de la institución. Yo no presidí la sesión anterior, ya que estuve ausente ese día por razones de salud, así que me gustaría que la profesora Arancibia, que la presidió, nos informara todo lo referente al caso, además, que cada uno de ustedes, señores profesores,  expliquen la forma en que razonaron su voto en esa ocasión. ¿Está usted de acuerdo, profesor De la Fuente?   
  -Me parece razonable, señor director, y estaré de acuerdo siempre y cuando se me den las pruebas concluyentes que he exigido- repuse.
Volví a tomar asiento. Los profesores se revolvieron en los suyos, ostensiblemente nerviosos.






Libro:Imperfecto amor. J.Winston Pacheco
Imagen/Imágenes Google/www.ideal.es
Imagen cabecera del blog/ http://joseluisavilaherrera.blogspot.com/
  

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