ARTE DE PENSAR

domingo, 13 de noviembre de 2016

EL PIANO



Tomado del libro Relatos de mi blog, 1a.Parte, por J.Winston Pacheco

(¿Te gustaría escuchar el tema clásico que se menciona en este relato mientras lo lees? Haz play en el vídeo:?




Foto: Imágenes de Google


Al filo del atardecer el hombre llegó a aquella casa situada en las afueras de la ciudad. Se detuvo un momento dubitativo, recorriendo con mirada inquisitiva los alrededores. Tras él quedaba el largo camino bordeado por el bosque.

La vivienda era pequeña y de apariencia sencilla, toda pintada de blanco, excepto las puertas y ventanas que ostentaban una tonalidad azul suave. Se disponía a llamar a la puerta principal cuando advirtió otra puerta que permanecía abierta dejando ver un estrecho corredor interior. Una precaria baranda de madera impedía el acceso, así que saludó con fuerte voz para anunciar su presencia.

- Buenas tardes... ¿hay alguien en la casa?

Mientras esperaba respuesta, observó los numerosos maceteros rebosantes de flores cultivadas con esmero, colocados sobre un pequeño muro que separaba el corredor del amplio patio interior. Una mezcla de aromas inundaba aquel ambiente de provinciana quietud, dándole acentos de tranquilidad y cierto misticismo. "Juraría que éste es el lugar" masculló entre dientes, como hablando consigo mismo "Lo que veo aquí es obra de artistas"

-Buenas tardes. ¿Qué se le ofrece? – Era la voz suave de un hombre de avanzada edad, que apareció de pronto en la puerta de una de las habitaciones que daban al corredor.

-¿Es esta la casa del señor Vallegrande...Claudio Vallegrande?-inquirió el visitante.

- Sí señor, ese soy yo, para servir a usted.

-Encantado de conocerlo, señor Vallegrande - El visitante extendió la diestra sobre la baranda de madera- Soy Pedro Fuentes, servidor suyo, he venido desde la capital para tratar con usted un asunto muy importante.

- ¿Ah sí? pues estoy a sus órdenes, sólo permítame quitar esta baranda, pase usted...

-Tiene usted aquí flores muy bonitas - comentó Pedro indicando con un ademán las cazuelas del muro.

-Y son permanentes, sí señor. Este lugar se caracteriza por eso, además, es la afición favorita de mi esposa Mayte

-Tengo que felicitarla, si es posible, desde que lo vi me encantó este pequeño jardín- Expresó con entusiasmo el visitante.

-Lamentablemente mi esposa no se encuentra disponible, últimamente ha estado muy indispuesta y está reposando en sus habitaciones, pero le haré saber sus comentarios si usted lo desea, seguramente se sentirá halagada.

-Le ruego expresarle también mis votos por su mejoría- añadió el señor Fuentes.

-Lo haré con el mayor gusto, muchas gracias- repuso el anciano

Entraron a una amplia sala decorada con sobriedad y buen gusto.

-Siéntese usted, señor Fuentes ¿Puedo ofrecerle un café? en tanto me explica qué le motivó a realizar un viaje tan largo desde la capital

-Gracias, seré breve y puntual, señor Vallegrande - repuso Fuentes con gravedad- Un amigo, profesor de música, me comentó que usted ha pensado deshacerse de un valioso instrumento musical de su propiedad. Me refiero a un piano. Y me dije: haré el viaje, a lo mejor hago el trato con el señor Vallegrande y...aquí me tiene



-Ah...ya veo. ¿Y puedo saber quién fue la persona que le hizo tal comentario?- Inquirió Vallegrande al tiempo que alisaba con su diestra su blanca cabellera.



-Por supuesto, se trata del profesor Araujo, Jonás Araujo- repuso Fuentes- él me sustituyó en mi cátedra en el Colegio Nacional de Música mientras yo gozaba de una beca en Italia.



- Aja...en efecto, con Araujo tenemos una muy buena amistad, él residió en esta ciudad por muchos años y creo que una vez le hice ese comentario, de eso hace bastante tiempo...



-Entiendo- admitió Fuentes con tono grave- pero...veo que aún conserva el piano.



-Si...es aquel que está en la esquina- comentó el señor Vallegrande indicando con un movimiento de su mano- es una herencia de mi señor padre, que de Dios goce. Cuando pensé en deshacerme de él fue forzado por las circunstancias, atravesábamos una situación económica difícil ¿Comprende usted? En todo caso, es una joya valiosa para mí, en lo personal y como músico.


-Comprendo perfectamente- ratificó el señor Fuentes.

-Y, desde luego, entenderá que ahora no estoy en disposición de deshacerme de él, este instrumento trascenderá mi tiempo, no lo dude- sentenció el anciano.

Fuentes asintió con un leve movimiento de cabeza. Los dos hombres guardaron silencio por un espacio de tiempo indeterminado.

- ¿Puedo verlo?- preguntó el señor Fuentes con voz suave.

- Por supuesto, es más, si lo desea puede ejecutarlo.

Con gesto reverente, Fuentes ocupó el banco y levantó la tapa del teclado. Su mirada fascinada recorrió meticulosamente el instrumento mientras sus dedos titilaban como las alas de un ave nerviosa

-¿Chopin?

-Sería perfecto- asintió el anciano mostrando una sonrisa mientras se arrellanaba en el sillón.

-Bien. Vals número 7, Do sostenido menor abierto.

Los dedos del profesor Fuentes se deslizaron como plumas sobre el bruñido marfil, arrancando una sucesión de mágicos acordes que fueron subiendo de tono hasta alcanzar la eclosión. La estancia y los alrededores se inundaron de una especie de unción indescriptible. El anciano Vallegrande cerró los ojos, mientras en su semblante se dibujó una expresión de plena satisfacción o quizá de éxtasis. 

El tiempo voló como mariposa juguetona.



-¿Será esta la casa?- se preguntó el profesor Fuentes intrigado, observando la abandonada vivienda.



Atisbó con curiosidad los alrededores. Expectante, avanzó por el sendero penetrando en la arboleda y de pronto lo vio. Ahí estaba el piano, desvencijado, casi cubierto por la vegetación.
https://youtu.be/H9oe7I4EOo8

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