
Por César Mallorquí
¿Qué es lo que más os gusta de la literatura? ¿La prosa, los argumentos, los personajes, las ideas, los diálogos, las descripciones...? Qué pregunta más idiota, ¿verdad? Os gusta todo, claro, porque una novela es un todo y no un Mecano que se pueda desmontar. No obstante, siempre hay ciertas preferencias, distintas sensibilidades. Está claro que si tu escritor favorito es Azorín, tus intereses literarios diferirán de los de alguien que prefiera a Pio Baroja.
En mi caso, nada me gusta más que leer un texto bien narrado. La narrativa, esa es mi debilidad (entendiendo “narrativa” como “técnica narrativa”). Pero atención, a veces se confunde una prosa elegante y fluida con buena narrativa, y no tiene nada que ver. De hecho, con frecuencia un prosa preciosista va en detrimento de la narrativa. Intentaré explicarme: una novela muy centrada en la prosa se convierte muchas veces en un álbum de fotografías. Puntos estáticos en los que te detienes. Pero la narrativa es flujo, movimiento, estrategia. La narrativa no es fotografía; es película.
Pero no basta con eso. De poco importa lo que suceda, por bien narrado que esté, si no te interesan los personajes a quienes les sucede. Ese es mi segundo puntal de la literatura: el diseño de personajes. Y luego, por supuesto, muy cerquita viene todo lo demás.
Cuando digo literatura en realidad me refiero a cualquier arte narrativa, como el cine o el comic. No es que sus técnicas narrativas sean iguales, pero en líneas generales se parecen mucho (a fin de cuentas, todas están basadas en la elipsis).
Os he soltado este rollo porque estoy viendo las siete temporadas (voy por la 6ª) de una serie de TV sencillamente, por decirlo en dos palabras, im-presionante. Me refiero a The Good Wife, producida por los hermanos Scott (Ridley y Tony) y creada por un matrimonio, Robert y Michelle King, que también son los show runners.
¿De qué va la serie? Os transcribo la sinopsis de Wikipedia: “La historia se centra en el personaje de Alicia Florrick, interpretada por Julianna Margulies. Alicia es una madre y esposa que debe hacerse cargo de la conducción y manutención de su familia después de que su esposo, Peter Florrick, (Chris Noth) –prominente político que tenía el cargo de fiscal del condado-, es destituido y encarcelado bajo el cargo de corrupción política al mismo tiempo que se difunden al público videos que documentan que mantenía relaciones sexuales con prostitutas”. Pero eso sólo es el principio. Alicia, hasta entonces un ama de casa, retoma su profesión de abogada y entra a trabajar en un prestigioso bufete. Lo que sigue narra, por un lado, la vida sentimental y personal de Alicia, y por otro su carrera profesional.
Reconozco que, de entrada, esto puede crear suspicacias. Es una serie de abogados (y a mí no me gustan las series de abogados). Está protagonizada por una señora bastante pija. Aunque hay un arco narrativo general, son capítulos autoconclusivos. Es larga: cada temporada consta de 22 capítulos.
Sin embargo, se trata de una de las series mejor narradas que me he echado a la cara, con unos guiones... ¿perfectos?... que fluyen con asombrosa naturalidad. Unos guiones basados en personajes atractivos perfectamente diseñados; y no me refiero sólo a los protagonistas, sino a todos los personajes (y hay muchos), incluyendo a los más secundarios. Por ejemplo, cada juez que aparece, aunque sea brevemente, tiene su propia personalidad.
Un consejo que pensaba dar, y que adelanto, es que cualquiera que desee aprender a narrar y diseñar personajes, vea esta serie. Que la vea, la estudie y analice, porque es todo un master sobre cómo contar historias. No me resisto a poner un ejemplo.
Uno de los personajes secundarios de la serie es David Lee (interpretado por el gran Zach Grenier), socio del bufete de Alicia. Es un hijo de puta, maquinador, mentiroso, desagradable, ambicioso, un perfecto cabrón. Pues bien, en cierto episodio muere uno de los personajes principales (un personaje al que Lee, en el pasado, ha intentado echar del bufete). Cuando, en medio de una reunión, recibe la noticia de esta muerte, Lee no mueve ni un músculo de la cara, no dice nada. Imperturbable, abandona la sala de reuniones y se encierra en su despacho. Entonces, su cara se descompone y suelta un sollozo. Sólo uno. Dura un instante; acto seguido, se recompone y regresa con los demás, volviendo a ser el hijoputa de siempre.
Es un mero detalle, pero qué detalle tan sabio. Lee era un personaje de una pieza, y gracias a ese sollozo se convierte en un ser humano. Pero ese sollozo oculto, esa avergonzada muestra de humanidad, también hace que nos preguntemos si Lee es un hijo de puta auténtico, o una persona “normal” que ha decidido convertirse en un hijo de puta para sobrevivir en un mundo de lobos.
La serie se mueve en tres ambientes distintos, pero interconectados: el derecho, la política y el laboral. Todos ellos son territorios turbios donde las fronteras entre el bien y el mal se difuminan. Y en cierto modo de eso va la serie, de la imposibilidad de eludir el mal o, tan siquiera, reconocerlo. Alicia es un personaje honesto precipitado a un universo de ambigüedad moral. Durante el proceso, Alicia cambia, despierta, espabila, se endurece, se harta, se cabrea... ¿y finalmente se corrompe? Todavía no lo sé.
The Good Wife tiene buenas historias, buenos personajes, buenos diálogos, buenas situaciones, algo de drama y también humor. Pero sobre todo es el perfecto manual de uso para el buen narrador.
NOTA: Mi fracturada cadera se va reponiendo. Voy a rehabilitación tres veces por semana, hago ejercicios en casa y camino con un andador. Pero el proceso es leeeento y sigo muy limitado de movimientos (porque duele, coño). Esta es la razón por la que me estoy zampando una serie tras otra. Hijos de la anarquía (7 temp.), Jessica Jones (1 t.),Daredevil (2 t.), El último reino (1 t.), Stranger Things (1 t.), The Good Wife (en proceso), así como capítulos sueltos de otras series... La verdad es que, con esta profusión de buenas series de TV, he ido a escoger el mejor momento para quedarme varado en casa.
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