Foto: Imágenes de Google
"Ese día llegué al aeropuerto muy de mañana, impaciente por cumplir con aquella importante cita de negocios –me dijo Agamenón, metiéndose en sus recuerdos con obstinada perplejidad- Nadie tuvo que advertirme que ese no era el mejor día para volar. La expresión preocupada del piloto no era como para animar a nadie, seguramente había notado los macizos nubarrones que se perfilaban amenazadores en el horizonte"
"El pequeño avión biplaza se sacudió ruidosamente en la maniobra de ascenso, describió un amplio círculo sobre la población y, a gran altura, enfiló con dirección al oeste"
-Intentaré remontar esos nubarrones. Lo que menos deseo es que nos pille el temporal en esta área –advirtió el piloto.
"Un rato después volábamos sobre altos picos montañosos cuyas crestas pobladas de pinos daban la impresión de estar al alcance de nuestras manos. Avanzamos en medio de espesas nubes por cierto espacio de tiempo, al cabo, encontramos cielo despejado"
"Alcancé a divisar en la distancia un pequeño pueblo cuyas viviendas parecían haber sido construidas en forma desordenada, más allá, un río cuya corriente serpeaba en medio de altos acantilados yendo a desembocar en una imponente cascada"
"De pronto ocurrió lo inesperado, el pequeño aparato comenzó a sacudirse bruscamente al entrar en una zona de fuerte turbulencia. El piloto intentó hacer una maniobra para estabilizarlo, o quizás para salir de aquel torbellino que nos agitaba como a una cáscara de nuez. Fue imposible, sólo recuerdo que entramos en una pronunciada barrena y después perdí el conocimiento"
"La vivienda era pequeña y sencilla como la mayoría en el pueblo. Al llamar a la puerta tuve que hacer una profunda aspiración para dominar mi nerviosismo. Un instante después apareció frente a mí aquella joven mujer de hablar suave y modales delicados"
-Buenos días – dije en tono balbuceante- Busco a don Tomás ¿Es esta su casa?
-Si joven, esta es ¿De parte de quién?
-Mi nombre es Agamenón, soy su... un amigo, le traigo una encomienda –tartamudee notando que no me reconocía
-Pase usted adelante, siéntese por favor -invitó ella- le avisaré a Tomás de su llegada ¿Le apetece un café?
-Por supuesto, con mucho gusto. Usted... ¿Es la esposa de don Tomás?
-Así es, caballero. Mi nombre es Isaura de Orel, encantada de conocerlo.
-Gracias señora, para mí también es un placer.
"No me extrañó que no me reconociera- continuó diciéndome Agamenón, para mí tampoco hubiese sido fácil tomando en cuenta que lucía como treinta años más joven. Recuerdo que sonrió y noté en su expresión un gesto como de comprensión o nostalgia, no sabría precisarlo. Era evidente que se había dado cuenta de mi nerviosismo y trataba de hacerme menos embarazosa la situación"
"Desapareció por una puerta que probablemente conducía a un corredor interior, o quizá a un jardín, a juzgar por la variedad de flores que alcancé a apreciar desde mi asiento"
"Observé detenidamente la pequeña sala: austeros muebles de estilo antiguo. Cerca de la pared un librero conteniendo obras de toda clase, clasificadas con esmero. Sobre el librero unas cuantas fotografías familiares, algunos adornos de porcelana y un búcaro con flores frescas y aromosas. En otra pared, unos cuadros ornamentales y un mueble con artesanías diversas. Llamó mi atención un calendario ilustrado con una famosa escena de tauromaquia que creí reconocer. En suma, se trataba de un ambiente nada pretencioso, limpio y ordenado"
"En ese momento entró don Tomás. De mediana estatura y complexión más bien robusta, sus facciones denotaban al hombre de carácter fuerte. El ondulado cabello peinado hacia atrás. Sus cejas muy pobladas enmarcaban unos ojos negros de mirada franca y analítica. El espeso bigote acentuaba el gesto impetuoso de su boca. Tendría una edad cercana a los cuarenta. Tanto él como doña Isaura lucían muy diferentes a como yo los recordaba"
-Buenos días, joven ¿En qué puedo servirlo? –dijo extendiéndome la mano.
-Mucho gusto don Tomás. Estoy aquí en una forma repentina, aunque la verdad este viaje deseaba realizarlo desde hace mucho tiempo. Les he traído a usted y su esposa algo que espero les guste y les sirva de mucho, pero debo pedirles que guarden sobre ello la mayor confidencialidad ¿De acuerdo?
-Muy bien, pero antes dígame ¿Nos hemos visto anteriormente en algún lugar? Juraría que lo he visto antes.
-Es probable –asentí notando que don Tomás me examinaba con detenimiento- Lo que le entregaré es sólo para usted y su esposa, le repito que no debe referirse a ello cuando hable con amigos o compañeros de trabajo. ¿De acuerdo?
-Si, por supuesto
"Doña Isaura entró en ese momento trayéndonos café y unos deliciosos panecillos"
-Siéntate Isaura – invitó don Tomás- este joven quiere entregarnos unas cosas y pide que no debemos comentarlo con nadie ¿Entiendes?
-Si, por supuesto –repuso la señora ocupando un asiento.
Ante la sorprendida mirada de mis anfitriones extraje de mi maleta un pequeño televisor portátil con reproductor de discos incorporado, un libro con datos históricos actualizados y un pequeño álbum con fotografías.
-Supongo que tienen electricidad en este pueblo- pregunté buscando una conexión en la pared.
-Por supuesto –repuso don Tomás- Hace poco el sistema comenzó a funcionar.
-Les dejaré un folleto que explica como funciona este aparato, está redactado en inglés pero entiendo que..
-Yo hablo inglés –indicó don Tomás –Pero... quiere explicarnos joven ¿Quién nos manda estas cosas? ¿Quién se las dio?
-Mira Tomás, estas fotografías –interrumpió doña Isaura emocionada- ¡Son nuestras! ¡Y aparecemos con unos niños!... en unos lugares extraños.
"Don Tomás observó las fotografías con detenimiento. Las miradas de ambos convergieron sobre mí, inquisitivas"
-Son ustedes y sus hijos... –dije a manera de explicación.
"En sus ojos se retrató el asombro, casi el pasmo"
-No... tenemos hijos –replicó doña Isaura como en un susurro.
-¿De donde sacó estas fotografías? –inquirió don Tomás con voz grave.
-Se los explicaré desde luego, entiendo que se sientan sorprendidos.
-Y estos sitios en que aparecemos ¿Qué lugares son estos? -preguntó doña Isaura
-Son.. bueno, no vivirán siempre aquí- traté de explicar.
"Don Tomás tomó el libro de datos históricos y su rostro reflejó un asombro indescriptible. Sus ojos no se apartaron del texto por unos minutos"
-Esto es insólito. No puede ser. Aquí hay datos de fin del siglo, fotografías, noticias. No puede ser, estamos apenas en l920. ¿Se trata de una broma?
"Me miraron en silencio, expectantes, intrigados en extremo. Yo busqué el toma-corriente para conectar el aparato de televisión. No llegué a hacerlo"
-¿Quién es usted? –inquirió doña Isaura poniendo su mano en mi hombro- Yo... estoy segura de que le conozco.
-Sí.. ¿Quién es usted? Le ruego que nos explique todo esto ahora mismo –agregó don Tomás con tono firme.
"No contesté de inmediato. Permanecí observándolos detenidamente por algún tiempo con una gran emoción dentro de mi ser, tratando de grabar sus rostros en mi memoria. Del corredor interior llegó en ese momento la armoniosa melodía de un trinar de pájaros cautivos. Un rayo de sol penetró en la estancia dibujando en el piso un pequeño aro refulgente"
"Iba a decirles a mis padres que era yo, el hijo que concebirían años después, el que estaba frente a ellos. Ellos no me conocieron de esta edad, murieron cuando yo era todavía un niño. Pero no pude hacerlo porque repentinamente desperté" –concluyó Agamenón.
En las calles adyacentes al hospital, la vida siguió su agitado curso.


No hay comentarios:
Publicar un comentario