Escucha mientras lees el capítulo
Capítulo 8
Se balanceó en su silla mecedora, al tiempo que sostuvo su mentón con la mano derecha. Yo sorbí un trago de la aromática bebida y despejé mi garganta como quien se prepara para cantar una melodía.
-Pues bien, mi querida –comencé con tono grave- Lo primero que le diré y que la sorprenderá sin duda alguna, es que el famoso “Libro de planes amorosos” no es un libro que alguien escribió, pero que muchos parecen haber leído, por lo que hacen ¿comprende?
Meneó la cabeza de un lado a otro en señal de negación, y en sus labios se dibujó un gesto de escepticismo.
-No entiendo –expresó con desenfado- ¿Cómo se puede leer un libro que nadie ha escrito? Además ¿De qué trata ese libro? ¿Lo leyó usted?
- Poco a poco, querida –repuse, haciendo un ademán con las manos como quien intenta detener una avalancha- Yo diría que el libro éste trata sobre el eterno tema del amor. Usted sabe que de eso han hablado todo tipo de personas, pensadores, filósofos, poetas, han hablado de ello antes, ahora, y lo harán en el futuro, eso téngalo por seguro.
Sorbí otro trago de café y terminé de engullir un panecillo. Ella no apartaba su vista de mí ¿Tanto le fascinaría aquel tema?- Pensé- luego continué:
-Yo he sacado como conclusión que el amor es cosa seria. Dando por hecho que existen diversas formas de amor, desde luego, y que en cada una de ellas encontraremos ejemplos excelsos a través de los tiempos. Pero si hablamos del amor pasional, entre un hombre y una mujer, parece que la cuestión se vuelve complicada. Esa forma de amor ha venido causando destrozos al paso de los siglos. Hombres que pierden el paraíso, reyes que matan a sus subalternos para quedarse con la mujer ajena, o que pierden su corona, o su cabeza, o abjuran de su poder y su riqueza, o renuncian a sus creencias, o hunden a sus pueblos en la rivalidad, la guerra y la muerte por el amor de una mujer. Traiciones, engaños, intrigas, descrédito, todo…todo por el encanto de un encuentro prohibido, pero lleno de un encanto irresistible para ellos.
-Si yo fuera rey no daría mi corona por una mujer –sentenció ella sonriente.
-Hum... ¡Quién sabe! –Repuse escéptico- Hay reyes que han dado más que eso. Pero sigo contándole. El libro de planes, ja, ja, ja… siempre que lo recuerdo me hace reír. Es que contiene…algo así como unas “estrategias” que siguen algunos chicos tímidos que no se atreven a declararse abiertamente a una muchacha. Eso ocurre por alguna razón, real o ficticia, que los obliga a seguir esos comportamientos realmente absurdos o ridículos, si usted quiere, pero que en ellos son formas obligadas de actuar. Ellos no hablan con franqueza y naturalidad, más bien insinúan, y esperan una respuesta positiva para sus pretensiones amorosas.
-Pero si no hablan ¿Qué hacen? –preguntó sonriente.
-Bueno…el “plan número uno” consiste en “hacerse el indiferente” aunque se esté quemando por dentro.
-¡Aaah!
-Naturalmente, el pobre diablo que sigue ese plan seguramente ignora lo que dice un pensador por ahí, que la mujer es maestra en el arte de actuar, y rápidamente le adivina al desdichado que está fingiendo.
-¡Por supuesto! una sabe bien cuando alguien está enamorado, aunque se haga el tonto ¡Vaya!
-Eso es exacto, pero deje que le siga mencionando. El plan número dos es “hacerse el enojado” por…por cualquier cosa. Ante la presencia de la chica, o por algo que ella dice o hace, él se finge bravo, resentido.
-¡Ja, ja, ja, ¡No puede ser!
-Plan número tres: “decir que uno se marcha del lugar” Por supuesto que es una mentira, pero el pobre chico espera que ella le diga: “No, por favor no te vayas o… me muero si te vas”
-Ja, ja, ja, yo he visto, yo he visto eso –indicó ella
-¿Verdad que da risa? Pero el que lo está experimentando vive en un infierno. Continúo: plan número cuatro: “Hacerse el enfermo”, con eso trata de despertar algún sentimiento de piedad en la chica. Hay algunos que hasta se han tirado por el suelo fingiendo que tienen un síncope...
-No ¡que barbaridad! ¿Y qué logran con eso?
-No lo que ellos esperan. Plan número cinco: “Pedirle a una amiga, o incluso a una pariente que les escriba en el cuaderno una frase apasionada para ellos, y tratar de que la chica la mire”
-Pero… ¡Qué tontería! –exclamó ella
-Plan número seis: “Decir que uno tiene otra, o fingir que quiere a otra” ja, ja, ja, ja
-Y usted que se burla, profesor
-Plan número siete: “andar en el bolsillo de la camisa una carta o postal, suficientemente visible para que ella se entere y pregunte.
-Y que pasa si ella no pregunta- inquirió con cierta gravedad.
-Eso es lo más seguro. Ella no preguntará nada, y si acaso pregunta, él dirá que se la envió una amiga que tiene en otro lugar. Pero le dará un tono especial a la palabra “amiga”
-¡Si que es una tontera! No sabe que con eso más bien se hunde –señaló ella
-El pobre chico no lo sabe, él lo que quiere es provocarle celos a su amada.
-Pero… ¡No!
-Plan número ocho: “Decir que está preocupado, y si por fortuna ella preguntara por qué, decir que le preocupa haber dejado embarazada a otra chica, en otro lugar, por supuesto.
-¡Qué!... ¡Yo mando a volar a un estúpido así!- exclamó con vehemencia, como si se tratara de algo real y tuviese que ver con ella.
-Eso es exactamente lo que hace la mayoría de muchachas –subrayé- Lo que sucede es que el pobre chico, víctima de la inseguridad, recurre a semejante plan pensando que provocará en ella una reacción de llanto, lo cual le indicará que ella lo quiere.
-¡Vaya estupidez!...pero ¡un momento! Usted me dijo que en una ocasión puso en práctica esos planes ¿no es cierto? –interpeló con tono inquisitivo.
-Es verdad, y es más, la mayoría de chicos de mi generación lo hicieron. Lo que ocurre es que en mi época no había libertad de relacionarse con naturalidad como ahora. Si uno pretendía una chica, primero debía enfrentarse con los padres, además, a las chicas las mantenían como se dice “a mecate corto”.
-Pero entonces ¿cómo se hacían novios? ¿Cómo llegaban a casarse?
-Cuando había aprobación de los padres, pero en infinidad de casos muchas muchachas se casaron con hombres a los que no querían, ni ellos las querían por la buena.
-Yo hubiera salido huyendo –exclamó contrariada.
-Eso hicieron muchas, pero ni el quedarse ni el huir arregló la situación. Fueron pocos los éxitos y muchos los fracasos. Al no existir libertad de relacionarse con naturalidad, sin ninguna malicia, se generó una doble moral. En los chicos, el “libro de planes” fue eso: Hacer muchas veces lo que no se quería, decir lo que no se sentía, y pensar en cosas diferentes a las que se hacían.
-¡Que triste! - susurró
Esbozó una leve sonrisa, como si se alegrase de no encontrarse en la época que yo le describía.
-Y ¿esos son todos los planes del libro? –preguntó quedamente.
-Hay más, pero ya no podré contárselos, se ha hecho muy tarde y debo marcharme.
Me acompañó hasta la puerta. Cuando ya me marchaba dijo de pronto:
-No se le olvide cumplir su promesa, profesor…
Me detuve en seco mirándola interrogativo.
-¿Promesa? –Dije mirando hacia el suelo- ¡Ah sí!...los pájaros, claro…
-Ya lo había olvidado ¿verdad?
-Si, digo, no, por supuesto que no, hasta luego ¿eh?
Agitó su mano diciéndome adiós, no obstante, cuando doblé la esquina una cuadra adelante, miré que aún permanecía de pie junto a la puerta de su casa.
oooOooo
Libro: Imperfecto amor. J.Winston Pacheco
Imagen/ Imagenes Google/ www.particuba.net
Imagen cabecera del blog/ http://joseluisavilaherrera.blogspot.com/

No hay comentarios:
Publicar un comentario