ARTE DE PENSAR

sábado, 10 de diciembre de 2016

Escrito hace varios años



Este artículo lo escribí en Septiembre del año 2007 y lo publiqué en un diario de Tegucigalpa del que fui columnista, también en el blog que por entonces gestionaba pero que con el paso de los años desapareció sin dejar rastro. Hace poco encontré el original del artículo en un mar de papeles guardados, o mejor dicho, acumulados, más como una obsesión inexplicable que como una natural y ordenada costumbre. Lo releí  y decidí publicarlo de nuevo en este blog. Creo que no ha perdido vigencia, al contrario, hoy las cosas en mi país siguen igual en la apariencia pero mucho peor en la realidad de los hechos,y las posibilidades de un cambio son, en verdad, escasas porque siguen dependiendo de la reacción del pueblo y éste permanece silencioso, lo que da motivos para pensar que: o acepta con sumisión todas las arbitrariedades que se cometen en su contra o reacciona en la forma menos esperada,menos predecible.




VENDEDORES DE PATRIOTISMO

 20 de Septiembre, 2007, 17:09 


Una medida verdaderamente revolucionaria sería que en Honduras todos nos condujéramos como lo que somos: ciudadanos de una nación empobrecida pero dignos luchadores por alcanzar un mejor porvenir.  

No deberían existir aquí funcionarios que manejen el poder a su antojo, o la majestad de la ley según sus personales conveniencias actuando, como suelen hacerlo, con menosprecio para los sectores marginados y favoreciendo  a la aristocrácia de los nombres (en su mayoría de origen extranjero), a los capos de la política,  de los grupos financieros poderosos o a su cohorte de compinches.   

Alguien ha dicho con razón que Honduras ha sido convertida en una hacienda, cuyos dueños, un escaso porcentaje de hondureños y extranjeros coludidos en sus actividades como grupos económicos, son quienes pagan las campañas de los partidos políticos con mayores o menores posibilidades de ganar elecciones- comúnmente fraudulentas- aunque no lo certifiquen así los observadores extranjeros invitados, de acuerdo con los hechos, para no ver, no oír ni decir nada que certifique los repetidos fraudes,  para luego, los grupos privilegiados ordenar a los gobiernos qué hacer y qué no hacer. Entre esto último está, como es obvio, no tocarles las prebendas escandalosas y execrables de que han venido disfrutando desde que Honduras es república. 

El pueblo llano es visto como una masa amorfa, ignorante y miserable, poseedora únicamente del "sentimiento arraigado de ir a votar cada cierto tiempo". De ahí que en cada campaña electoral se trate por todos los medios técnicos, lícitos o ilícitos, de exacerbar esas pasiones irracionales del ciudadano. Eso les garantiza a los "líderes" hacerse con el poder, cambiar en algunos casos de oficina burocrática, y, el que pierda, retirarse a disfrutar de los bienes que le escamoteó a la nación y esperar un nuevo retorno a sus posiciones de poder. 

Cierto dia, viniendo de Tegucigalpa, la capital hondureña, hacia Comayagua (ciudad en que escribo este blog), reparé en un humilde pero astuto quincallero de esos que venden toda suerte de bisutería barata. Todos los objetos que proponía para la venta estaban agradablemente dispuestos en un exibidor portátil adornado con papelillo de colores. Me sorprendió especialmente la habilidad poco común del vendedor para ofrecer sus productos. No era una vocinglería común, era aprendida hasta en el tono de la voz y el léxico empleado."Este hombre-pensé. seguramente no asistió a ningún curso de técnica de ventas, pero Dios le ha dado un extraordinario don para el convencimiento, Es un producto clásico de la necesidad y la lucha por la vida en una nación donde no hay oportunidades para las mayorías marginadas" Por asociación de ideas, pensé en la verborrea demagógica de nuestros políticos. Aquí se habla de derechos, de calidad de vida, de lucha por los pobres, de honestidad, ética y transparencia. Pero todo ha sido siempre una vil y escandalosa mentira. Una execrable hipocresía. Todo ha sido y seguirá siendo palabrería infecunda y cínica. 

De ahí que, como escritores, consideremos un deber ineludible decirle al pueblo la verdad por los medios que tengamos a mano. Hay una alternativa: o cambiamos ahora o nos hundimos más de lo que estamos.

No hay comentarios: