ARTE DE PENSAR

lunes, 24 de octubre de 2016

MARIPOSITA, la niña que comía flores



Foto http://www.fotospix.com/



Fuente: Libro Relatos de mi blog, I Parte por J.Winston Pacheco


Apareció de improviso cuando el sol comenzaba a declinar, y yo regaba el incipiente seto de laureles que planté junto a la verja que separaba mi jardín de la calle.

-Hola –dijo con su vocecita cantarina, inundándome con el fulgor de sus grandes ojos negros increíblemente expresivos.
-Hola- contesté, reparando en su rara y promisoria belleza que no lograba apagar el aspecto descuidado de su humilde indumentaria.
-Soy Cinthia, y me gustan mucho las flores. ¿Qué flores está sembrando?
- Son arbustos, laureles...
-Son bonitos también, pero aquí hay uno que no parece laurel ¿qué es?
-Es un acodo de jazmín, lo dejé ahí para ver si algún día crece y produce flores, pero será difícil, como ves, parece que está por marchitarse.
-No lo deje marchitarse- señaló la niña- y cuando crezca me regala una de sus flores porque son muy lindas y tienen muuucho perfume ¿De acuerdo?
-De acuerdo, pero creo que eso tardará mucho tiempo, tal vez hasta cuando tú seas una señorita y te conviertas en una experta en plantas.

-Eso me gustaría mucho, pero va a ser difícil, se necesita mucho dinero y nosotros no tenemos, pero bueno... no importa, yo pasaré todos los días por aquí para ver cómo crece este jazmín.
-¿Vives cerca de aquí?
-Si, a dos cuadras, y paso siempre por esta calle a hacer el mandado de mamá, tengo un hermanito menor, tiene sólo dos años, no puede hacer mandados, por eso me mandan a mí.
- Y ¿cuántos años tienes tú?
-Yo tengo siete ¿y usted?
-Cincuenta
-¿Y le gustan mucho las plantas?
- Si, mucho
-A mí también, yo quisiera toooodas las flores del mundo para llevármelas a mi casa
-Se te nota. Y por eso en vez de Cinthia te llamaré Mariposita
-¿Mariposita?
-Si
- ¿Y por qué me llamará así? Mi nombre es Cinthia
-Acaso no te gustaría volar de una flor a otra y a otra...
-Sí. Me encantaría
-Pues por eso te llamaré Mariposita
-Bueno...pero ahora ya me voy, es muy tarde y hasta olvidé lo que me mandaron a comprar.
-Tu mamá se va a enojar
- No lo hará, porque es la primera vez que se me olvida lo que voy a comprar. Aaah... y no se le olvide cuidar el jazmín. Prométame que lo cuidará
-Te lo prometo, Y tú prométeme que estudiarás mucho hasta convertirte en una mujer importante.
-Se lo prometo. Adiós
-Adiós, Mariposita

A partir de entonces la niña pasaba indefectiblemente al atardecer, canturreando, dando saltos hasta llegar junto a la reja, mirando con interés los arbustos y deteniéndose a observar el retoño de jazmín.

Entre nosotros nació una bonita amistad. Lo más inolvidable en ella eran sus grandes ojos negros plenos de inocencia y su sonrisa limpia. Pero un día dejó de llegar, no volví a verla

Con el paso de los años el jazminero floreció. Eran hermosas sus flores, grandes y fragantes, y de una blancura inverosímil.

Años después me llegó una carta. Era de Mariposita. Me contaba que había tenido que marcharse con su madre a otro país a buscar mejores horizontes. Allá tuvo la oportunidad de estudiar hasta culminar su carrera de doctora en biología vegetal. Trabajaba como docente en una universidad.

“Cumplí mi promesa”- decía al final la misiva- “Y usted ¿Cumplió la suya?”

Mariposita había volado de planta en planta, de flor en flor, tal como se lo dije un día.

Guardé la carta y miré con satisfacción el florido jazminero que parecía exhibirse con jactancia, en medio del seto de sobrios laureles.



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