Foto: lapatriaenlinea.com
La inauguración del Mega Centro Los Olmos estaba prevista como un acontecimiento único en la región: Habría famosos conjuntos musicales, la elevación de un enorme globo conmemorativo, ofertas a cual más atractiva, concursos, en fin, todo el pueblo rezumaba entusiasmo. Ciudad Esperanza fue, hasta hacía poco, un lugar en que el silencio y el conformismo sentaron sus reales.
Obviamente, mucho antes de que se abrieran las puertas de la moderna instalación, una abigarrada fila de sorprendidos parroquianos rodeaba la manzana. Pelayo Grandes, el alcalde, era de esos raros hombres que saben convertir los sueños en realidades. Sus noches de desvelo elaborando proyectos de gestión para organizaciones extranjeras, dieron como resultado la construcción de hermosas plazas, estadios de fútbol, calles pavimentadas y un Centro Cultural. Cundieron, además, los inversionistas foráneos deseosos de impulsar el desarrollo comercial de Ciudad Esperanza. Don Juan Benavides fue uno de ellos. En un abrupto potrero mal cercado erigió el moderno el imponente edificio del Mega Centro Los Olmos.
Antes de la inauguración, introduciéndose subrepticiamente en el despacho del gerente, apareció Quintín Bonatesta, jovenzuelo aficionado a la lectura de historietas de ficción, reiteradamente rechazado en las escuelas de la localidad. “Es un vago insufrible”-decían los maestros- “No lo queremos aquí”. “Es un chico sin oficio ni beneficio”, comentaban los viejos en el pueblo.
-¿Quién eres tú y que haces aquí?- El señor Benavides interrogó al jovenzuelo poniendo cara de pocos amigos.
- Soy Quintín Bonatesta –repuso el aludido con aplomo- He venido a proponerle un negocio.
-¿Qué dices? ¿Has perdido el juicio acaso? ¿Cómo demonios te dejó pasar la seguridad? Ahora mismo ordeno que te saquen de aquí- amenazó Benavides observando la pobre indumentaria del chico.
-No lo haga, señor Benavides, no le conviene- repuso Quintín con frescura- Le daré dos razones: Primera, no sería de buen gusto que sus guardias sacaran por la fuerza a un chico ante los clientes ¿verdad? Afectaría la imagen de su negocio, y segunda, lo que vengo a proponerle le interesará, estoy seguro.
Benavides apagó el interfono. La audacia del muchacho le produjo una mezcla de sorpresa e interés. Intuyó algo. Se sentó en su sillón tras el escritorio y le invitó a hablar.
-Bien- dijo con voz suave- tienes dos minutos para hablar, ni un segundo más ¿entiendes?
-Sí señor, entiendo perfectamente- afirmó el chico aclarándose la garganta- ¿Sabe usted? todos dicen que soy un bueno para nada pero no es así. Me niegan la entrada a la escuela, pero aprendí electrónica e informática por mi propia cuenta, y puedo producir dentro de su local una cascada de luces de todas formas y colores, y atraer una multitud de pájaros virtuales que cautivarán con sus trinos al público más exigente. He descubierto el programa digital para producirlos. Es más, puedo hacer que las bolas de luz se adhieran a las ropas de algún cliente por espacio de varios minutos. Al que le ocurra esto, usted puede premiarlo con un regalo, por ejemplo, un buen descuento. ¿Qué le parece?
El empresario miró fijamente al muchacho, entre admirado y perplejo.
-Hum,..¿Estás seguro de poder hacer todo eso que dices? -Inquirió con acento de duda-¿Puedes probarlo en este momento?
-Naturalmente, cuando usted lo quiera señor Benavides- repuso el muchacho con convicción
- De acuerdo, pero tú. ¿Qué esperas ganar con ello?
-Trabajar en su establecimiento, señor, en la sección de informática. ¿Hay algo mejor que trabajar en lo que nos gusta? – repuso el chico con acento de determinación.
-Tienes razón- concluyó el empresario- Bien, si logras lo que dices tendrás el trabajo.
Quintín lo logró. La inauguración del Mega Centro Los Olmos fue todo un éxito.
© jwinspa33 para Ciudad de Letras1.-,Año 2009.

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