El
silencio que guardé por meses luego del tránsito del Poeta Antonio
José Rivas a las regiones del espíritu puro, fue intencional. Yo
que acostumbraba visitarle con regular frecuencia y enfrascarme con
él en toda suerte de disquisiciones, principalmente filosóficas,
incluyendo el tema de eso que llaman "muerte", sigo
pensando, a contrapelo de otras respetables opiniones, que ese 14 de
abril de 1995(fecha prevista en su poesía para un gran
acontecimiento) inició su periplo para conocer a fondo la
esencia trascendente de ese símbolo que para él fue siempre EL
SILENCIO.
Como
siempre, la última vez que hablé con él lo saludé con mi
acostumbrada expresión "¡Salve, señor de la
palabra!", saludo hasta cierto punto histriónico que lo
hacía sonreír y le incitaba a la conversación amena y siempre
aleccionadora.
Esa
vez hablamos de Comayagua, del crecimiento material que comenzaba a
experimentar aparejado a una como postración espiritual. Le referí
que un nóvel poeta me había visitado en mi casa, y que al regalarle
una de mis obras de argumento romántico me comentó que "eso
de escribir sobre el amor como sentimiento trascendente, no puede
hacerse si la obra no es antes "tallereada".
Soltó
una sonora risotada:
-¡Vaya!
-comentó con sorna- ya inventaron el verbo "tallerear".
Ese sujeto no sabe lo que dice. Escribir sobre el amor es escribir
sobre la esencia de la vida.
Y
hablamos del tema de la vida. Le cité a Kant con sus categorías del
tiempo y el espacio, casi incomprensibles para la mayoría de simples
mortales. A Sartre, con su afirmación del no ser. Le conté que
había dejado a mis alumnos de filosofía la tarea de explicarme lo
absurdo que resulta que la vida, con el atributo de eternidad que
lleva implícito, pueda ser "cortada" por la muerte. Es un
contrasentido- enfaticé- yo asumo...
-Yo
asumo, presumo y consumo- me interrumpió
Y
dejó aflorar su sonrisa característica.
-¿Sabe
usted, poeta?- señalé- Yo no sirvo para dar pésames ni asistir a
velatorios. En estos días en que han muerto tantos conocidos, he
preferido guardar silencio. Me parece más expresivo. En esa obrita
que le regalé (Imperfecto
amor, la que todavía no había convertido en novela),
sostengo que el silencio es el eterno enamorado de la soledad. Usted,
en cambio, en un poema suyo dice que al silencio: "la soledad lo
enamoró por señas" ¿De que clase de amor estamos hablando
realmente?
Me
miró con gesto meditabundo, como escrutándome con sus ojos
expresivos.
-No
todos hablan de estas cosas- afirmó suavemente- Este tema exige
meditación, elaboración. En mi caso, callar hasta dar con la
estructura perfecta de un poema, algo como escuchar la música, que
no sólo es oírla sino sintonizarse con ella, y me refiero a la
verdadera música.
-¿Un
poco de nirvana? –acoté con intención
Sonrió como si la comparación le divirtiese.
-Esto
que usted dice que prefiere no dar pésames me parece correcto. Es
mejor elevar una oración. Las mejores oraciones, quizás las más
escuchadas, son las de aquellos que queriendo orar no saben que
decir, y, por supuesto, las de los que saben que decir.
Misa de cuarenta días, Liliana, su hija, me entrega la tarjeta de recordatorio. Una cruz atravesada por una pluma. Sin oraciones comunes. Briznas de genio poético derramado en la sencilla cartulina. En el solemne ambiente de la catedral de Comayagua leo en silencio:
"El
hombre es como el sueño de la muerte:
Cree
que vive.
Y
Dios mismo es el sueño mar del hombre:
Cree
que...
¿Sueño
mar...?
Ya
los barcos se van sin despedida."
Algo
me dice en mi interior; "Ahora, escribe" Y como en una
visión sucesiva me viene a la mente la escena de la ocasión en que
llegué a su casa y le hice decirme la segunda estrofa de su soneto a
Comayagua. Me lo dijo a través del postigo entreabierto de la puerta
principal.
De la noche sangrada de calvario
Hay un fantasma plenipotenciario
Y un alma en pena. Misa requerida.
No hay misas en los templos los viernes santos si alguien las requiere. Sigo leyendo la tarjetita de los cuarenta días de su fallecimiento:
"Quiero
sólo un instante
Escaparme
del eco de mis cinco sentidos.
Volar
sobre los muros.
Volar
sobre mi abismo.
(Volar
para las aves
Río
y vuelo en un barco, ya es morirse dos veces)
Quedar,
sin saber cuándo, ni dónde ni en que forma.
Despojado
de todo
Despojado
de todo
Mirando
el gran poema
Desde
un pájaro absorto
Desde
un ojo absoluto"
En
el antiguo parque- hoy convertido en atractiva plaza colonial- la
banca que solía ocupar tarde con tarde para conversar con sus
amigos, fue retirada.
Hoy
estamos iniciando una formal petición pública a quien corresponda,
o a la dirección del instituto departamental "León Alvarado",
para que el busto del insigne poeta que está colocado en la entrada
sur del bulevar Cuarto Centenario (y que ha sido objeto de toda clase
de vejámenes de delincuentes) sea colocado dentro de los predios del
instituto, del cual su padre fue director y el poeta alumno
sobresaliente.


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