ARTE DE PENSAR

miércoles, 31 de agosto de 2016

VOCES LÍRICAS REPRESENTATIVAS DE COMAYAGUA, HONDURAS


GUILLERMINA CUELLAR: NOSTALGIA, PASIÓN Y SENSIBILIDAD




GUILLERMINA CUELLAR. A quien conocemos cariñosamente como Minita, es profesora y escritora de reconocidos méritos en Comayagua. Su poesía refleja una gran sensibilidad y fuerza interior, condiciones naturales de su espíritu de mujer excepcional, amante de la creación poética y la  gestión cultural, difíciles campos en los que ha empleado gran parte de su vida.

¡BAH!

Murió el sinsontle.
Los amos de la casa
olvidaron colocar
alimento en su jaula.
¡Bah!  Era sólo un artista.


REQUIEM PARA LOS GUAYACANES

No más azul...
Todos ellos cayeron sobre la tierra nuestra
como gotas de lágrimas.
Los zorzales huyeron, las palomas
se rasgaron sus plumas, despojadas.
Era un pintar con sangre y con gemido.
La codicia llenó de oro su saco, y
maldiciendo siempre, ocupó su lugar
en nueva espera.
Risas, invitaciones y convites,
Y nadie, nadie vio como en el rostro
de la madre ofendida y traspasada
se dibujaba un rictus de venganza.

URBANIZAR
Urbanizar es expulsar
los pájaros de la ciudad.
Es prohibir a los árboles que florezcan.
Es colocar impersonales losas
de cemento en la calle.
Es permitir a extraños
que midan centímetro a centímetro
el patio que fue nuestro.
Es construir una casa cien veces repetida
donde lo humano sobra.








JOSÉ MARTIN GIRÓN CARRANZA: FUERZA Y SENCILLEZ 

Poeta comayaguense de irrefutables méritos. Es autor del poemario "Por ignorados 
caminos". Columnista del diario LA TRIBUNA  de Tegucigalpa, Honduras, donde 
publica criticas demoledoras sobre hechos y personajes locales y nacionales. 
Dirigió por más de una década la publicación "Revista Cultural informativa de 
Comayagua" que se pasaba diariamente por una emisora local. Actualmente dirige la 
publicación cultural "LA VOLANDERA"

NEGRO
Murió Negro de viejo,
bajo el tálamo del amo,
una gélida mañana
lo encontraron muerto.

Sobre lana de su cuerpo
se quedó el perro tendido,
con los colmillos de fuera
y babeándole el hocico.

Por cierto que lo enterraron
como entierran a los muertos,
dejando sobre la huesa
una cruz y flores negras.

Y en el sitio en que murió
agua bendita echaron,
para que su alma cuidara
las noches en el huerto.

El tiempo transcurrió,
en la casa no hay lamentos,
tan sólo el sufrimiento
del hombre que por el huerto
solitario se pasea,
viendo en las noches vagar
la silueta de su perro.


EL MARINERO REGRESA
Ha regresado al fin el marinero
con el azul del mar en las pupilas,
con la nostalgia del amor primero,
y un olor a pescado en las axilas.

Ha regresado del prosaico mundo
sin ilusiones y el mirar maganto,
por el sendero azul del trotamundo
en que aprendió a hablar en esperanto.

Por el camino de su pie las huellas
va borrando, y su ilusión de nauta,
y la luz eternal de las estrellas
y la trova aranera de su flauta.

Adiós, dice a la nave que aleja
mientras la mira con desdén partir,
no le sale del alma ni una queja
no quisiera en el piélago morir.

Ha regresado narrando la experiencia
que en la escuela del mundo percibió.
Ya descansa, y está ufana su conciencia
en la edénica patria en que nació.

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