GUILLERMINA CUELLAR: NOSTALGIA, PASIÓN Y SENSIBILIDAD
GUILLERMINA
CUELLAR. A quien conocemos cariñosamente como Minita, es profesora y
escritora de reconocidos méritos en Comayagua. Su poesía refleja una
gran sensibilidad y fuerza interior, condiciones naturales de su
espíritu de mujer excepcional, amante de la creación poética y
la gestión cultural, difíciles campos en los que ha
empleado gran parte de su vida.
¡BAH!
Murió el sinsontle.
Los
amos de la casa
olvidaron
colocar
alimento
en su jaula.
¡Bah! Era sólo un artista.
REQUIEM
PARA LOS GUAYACANES
No más azul...
Todos
ellos cayeron sobre la tierra nuestra
como
gotas de lágrimas.
Los
zorzales huyeron, las palomas
se
rasgaron sus plumas, despojadas.
Era
un pintar con sangre y con gemido.
La
codicia llenó de oro su saco, y
maldiciendo
siempre, ocupó su lugar
en
nueva espera.
Risas,
invitaciones y convites,
Y
nadie, nadie vio como en el rostro
de
la madre ofendida y traspasada
se
dibujaba un rictus de venganza.
URBANIZAR
Urbanizar
es expulsar
los
pájaros de la ciudad.
Es
prohibir a los árboles que florezcan.
Es
colocar impersonales losas
de
cemento en la calle.
Es
permitir a extraños
que
midan centímetro a centímetro
el
patio que fue nuestro.
Es
construir una casa cien veces repetida
donde
lo humano sobra.
JOSÉ
MARTIN GIRÓN CARRANZA: FUERZA Y SENCILLEZ
Poeta
comayaguense de irrefutables méritos. Es autor del poemario "Por
ignorados
caminos". Columnista del diario LA TRIBUNA de
Tegucigalpa, Honduras, donde
publica criticas demoledoras sobre
hechos y personajes locales y nacionales.
Dirigió por más de una
década la publicación "Revista Cultural informativa de
Comayagua" que se pasaba diariamente por una emisora local. Actualmente dirige la
publicación cultural "LA VOLANDERA"
NEGRO
Murió
Negro de viejo,
bajo
el tálamo del amo,
una
gélida mañana
lo
encontraron muerto.
Sobre
lana de su cuerpo
se
quedó el perro tendido,
con
los colmillos de fuera
y
babeándole el hocico.
Por
cierto que lo enterraron
como
entierran a los muertos,
dejando
sobre la huesa
una
cruz y flores negras.
Y
en el sitio en que murió
agua
bendita echaron,
para
que su alma cuidara
las
noches en el huerto.
El
tiempo transcurrió,
en
la casa no hay lamentos,
tan
sólo el sufrimiento
del
hombre que por el huerto
solitario
se pasea,
viendo
en las noches vagar
la
silueta de su perro.
EL
MARINERO REGRESA
Ha
regresado al fin el marinero
con
el azul del mar en las pupilas,
con
la nostalgia del amor primero,
y
un olor a pescado en las axilas.
Ha
regresado del prosaico mundo
sin
ilusiones y el mirar maganto,
por
el sendero azul del trotamundo
en
que aprendió a hablar en esperanto.
Por
el camino de su pie las huellas
va
borrando, y su ilusión de nauta,
y
la luz eternal de las estrellas
y
la trova aranera de su flauta.
Adiós,
dice a la nave que aleja
mientras
la mira con desdén partir,
no
le sale del alma ni una queja
no
quisiera en el piélago morir.
Ha
regresado narrando la experiencia
que
en la escuela del mundo percibió.
Ya
descansa, y está ufana su conciencia
en
la edénica patria en que nació.


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