martes, 26 de julio de 2016
EL TANQUE -- (Relato de ficción)
En horas de la mañana llegó al parque natural. Estaba situado en medio de una variada arboleda, muchos de cuyos exóticos ejemplares lucían poblados de flores atrayendo sobre si una asombrosa variedad de pájaros y mariposas.
Roberto experimentó una sensación muy extraña al encontrarse en aquel sitio, algo así como una mezcla de temor aprensivo y de rara nostalgia. Pese a la belleza del lugar, aquellos sentimientos se fueron acentuando a medida que se introducía más en el lugar.
-¿Qué me sucede? -musitó para sí mismo, deteniendo su camino en medio de una vereda- Siento que todo me da vueltas en el cerebro, como si fuera a desvanecerme...¡Ooh!
Intentó reiniciar su camino pero le fue imposible, se tendió sobre la grama frente a una pequeña colina que tenía al frente una extraña portada, semejante a la entrada de una casa subterránea, como algunas que había visto en ciertos portales de internet. Hizo esfuerzos por arrastrarse hacia aquella entrada, pero no lo logró. Desalentado, se quedó inmóvil sobre la hierba.
Sin embargo, pese a que se sentía sin fuerzas para incorporarse, por su mente comenzó a desfilar un cúmulo de imágenes caóticas, escenas de violencia sin límite que le hicieron sobrecogerse. Allí, cerca, vio un casco militar abandonado que, inexplicablemente, hizo que su corazón latiera con violencia.
Sintió que su cerebro estallaba como ante el retumbo de una explosión cercana, y quedó inmovilizado sobre el césped.
De pronto se incorporó de un salto. Se vio enfundado en un traje militar, corriendo hacia un tanque que estaba a corta distancia.
-¡Vamos! -exclamó- Nos están atacando fuerte, hay que salir de aquí...
Daba la impresión de que conocía lo apurado de aquella situación. De un salto subió al tanque y se introdujo por la escotilla. Desde dentro observó que un avión enemigo se acercaba con intenciones nada amistosas, y un instante después escuchó el estruendo de la bomba que dejó caer el aparato enemigo.
De nuevo se vio en el suelo, derrumbado y desorientado por la explosión, sin explicarse como salió vivo del percance. A cierta distancia, el tanque lucía inutilizado y humeante.
La batalla había cesado, se puso en pie y caminó por el bosque hasta llegar a un árbol en el que había varias señales. Se sentía desorientado, abandonado en aquel lugar. No había ni trazas de sus compañeros.
Tuvo la impresión de ser protagonista de una escena surrealista. Camina, se detiene dubitativo y vuelve a caminar.
Algo dentro de su consciencia le dice que el sitio no le es desconocido, que alguna vez estuvo allí.
Y de pronto se mira con la misma indumentaria del principio, admirando aquel paraje natural ahora convertido en un impresionante parque turístico.
Mas allá, en medio de un campo cubierto de flores, como si fuese un monumento, está el tanque que presuntamente Roberto condujo alguna vez.
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