REDACCIÓN CIUDAD DE LETRAS
La pregunta que la mayoría de los hondureños se hacen hoy es ¿por qué el presidente Juan Orlando Hernández se niega rotundamente a la instalación en Honduras de una Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIH) similar a la que en Guatemala permitió el encarcelamiento de Otto Pérez Molina, Roxana Baldetti y una docena más de funcionarios del más alto nivel, por actos de corrupción cometidos al amparo del poder?
Hernández Alvarado funda su negativa en que no se necesita ayuda externa en la lucha contra la corrupción, lucha que proclama como "tarea prioritaria de mi gobierno" agregando a renglón seguido que "los entes nacionales operadores de justicia están en capacidad de realizar esa tarea, dado que su desempeño ha sido meritorio" Sin embargo, esta aseveración está muy lejos de ser compartida por los amplios sectores de la oposición, no sólo los propiamente políticos, sino los que se agrupan en el sector de los "Indignados" también denominados como "Movimiento de las antorchas"
En lo que parece ser una consigna oficialista, repetida por muchos funcionarios gubernamentales y por los grandes medios corporativos que le son afines, el presidente Hernández sostiene que no se necesita la intervención de jueces o fiscales extranjeros para enfrentar los casos de corrupción en el país, y que la forma de enfrentar ese flagelo debe surgir de "un diálogo abierto" con todos los sectores, no obstante, cuando en junio del presente año convocó a ese diálogo en una cadena de radio y T.V. de inmediato presentó la creación de un Sistema Integral Hondureño de Combate a la Impunidad y la Corrupción (SIHCIC), lo que fue interpretado como la ratificación de su decisión de no aceptar en Honduras un organismo como la CICI de Guatemala. Tal decisión fue rechazada de plano por la oposición política y la Plataforma de Indignados, por considerarla como un intento de evadir la función autónoma y operativa de la CICI, creando un ente sustituto con la única función de asesorar o recomendar a los nada creíbles organismos operadores de justicia de Honduras, acusados de seguir los dictados del Ejecutivo.
Recientemente Hernández Alvarado recibió de manos del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, una propuesta de reforma al sistema de justicia hondureño denominada "Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih)" misma que fue calificada por la oposición como una copia del "facilitador del diálogo" John Biehl del Rio, de la antes citada la propuesta del "Sistema Integral hondureño de combate a la impunidad y la corrupción" (SIHCIC) del gobernante hondureño, sin tomar en cuenta los argumentos de la oposición sobre el evidente descalabro de los entes encargados de impartir justicia en Honduras. En efecto, la propuesta de la OEA surge del informe rendido por Biehl del Rio, como resultado de su fracasada misión del "facilitador del diálogo", y quien al regresar a su sede en la OEA emitió declaraciones parcializadas contra los sectores de la oposición, a los que no logró acercar al diálogo oficial, aunque se reunieron con él en Tegucigalpa al margen de ese diálogo oficial, el que no consideran abierto por seguir una agenda previamente establecida por la casa de gobierno, y porque no incluye temáticas vitales para la oposición.
Hace pocos días, durante un viaje oficial por Alemania e Israel, Hernández fué entrevistado en Berlín por la periodista Carolina Chimoy de Deutche Welle Noticias, quién le preguntó puntualmente si le daban miedo las protestas de los indignados hondureños exigiendo como en Guatemala la CICI para Honduras, a lo que el presidente hondureño repuso " nosotros iniciamos antes con algo que para nosotros debe ser superior a lo que se hizo en Guatemala" Se refería, obviamente, al Plan que le entregó el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y que en esencia es el suyo. Ante las dudas de la periodistaquien insistió en la eficacia que ha tenido la CICIG en Guatemala, expresó no compartir ese criterio justicando que: "Si usted trae a extranjeros a su país a hacer lo que usted debe de hacer, usted está condenando a su país a que nunca salga adelante" Los hondureños perciben en el gobernante una retórica sospechosa, y expresan claramente que él "acepta los fiscales y abogados extranjeros que le propone la OEA porque no tendrían una función independiente y autónoma para investigar hechos puntuales de corrupción, y llevar a los imputados, sin miramiento de su posición oficial, a juicio en los tribunales de justicia.
De ahí que sigue en pie la pregunta: ¿Por qué el presidente Hernández se niega a solicitar la CICI? ¿Cual es la verdadera razón de su rechazo a la CICI?
No se puede dar una respuesta concluyente sin repasar un poco la más reciente historia política de esta pequeña nación centroamericana, es lo que intentaremos hacer en esta serie de comentarios.
La ominosa sombra del pasado
Intentando proyectar un optimismo fuera de lo común, el presidente de Honduras Juan Orlando Hernández Alvarado, recibió el 8 de agosto de este año al Secretario General de la OEA Luis Almagro, quien llegó a la Casa Presidencial para presentar al chileno John Bielh del Río, designado por el organismo regional como "facilitador del diálogo nacional" convocado por Hernández Alvarado desde el mes de junio del corriente año.
-"Aplaudimos y desde luego aceptamos su presencia aquí en Honduras"- expresó Hernández en comparecencia pública en aquella ocasión- "Los hondureños hemos decidido que tenemos que cambiar, estoy seguro que el diálogo será una excelente plataforma. Ha llegado la hora de iniciar el diálogo sin condiciones y todos los sectores deben acercarse y hacer sus propuestas"
Pero la cuestión no parece tan fácil. La realidad política y social de Honduras hoy contradice el aparente optimismo del gobernante. La mayoría del pueblo no confía en Hernández ni en las acciones de su gobierno. Y él lo sabe, aunque trata de disimularlo. De hecho, la técnicas del disimulo y minimización de los hechos que le son adversos, nacen de la sensación de tener el control absoluto del poder, y parecen haberle dado buenos resultados en otros momentos críticos de su tortuosa carrera hacia el poder. Pero ahora las cosas han cambiado, el pueblo ha cambiado.
JUAN ORLANDO HERNANDEZ: "Voy a hacer
lo que tenga que hacer" frase que identificó sus
acciones desde antes del inicio de su gobierno,
parece volverse contra él en estos momentos de
incertidumbre en Honduras.
Recurriendo a su innegable talento demagógico como a su natural tendencia a la manipulación, herencia fatal de la rancia escuela política hondureña de la que proviene y de la que es hoy, si se quiere, es más avezado exponente, el joven y ambicioso político intuyó desde los cruentos sucesos de Junio 2009, de los cuales formó parte desde su posición como congresista, que aquellos eventos tan desafortunados para Honduras, de alguna manera le abrían a él en lo personal un amplio espacio de posibilidades para sus aspiraciones presidencialistas, dado que las abrían igualmente para su partido político, el partido nacional, cuyo principal rival tradicional en el ejercicio del gobierno, el partido liberal entonces el poder, se retorcía en la lona, víctima de la división interna originada por el derrocamiento de Zelaya Rosales.
Es probable que Hernández Alvarado calculara desde entonces, que en el futuro podría tener en su contra a la mayoría del pueblo, al ver como se manifestaba en las calles, en forma pocas veces vista, rezumando rabia por el rompimiento del orden constitucional y el surgimiento de una dictadura caracterizada por la ambición y el despotismo.
Ducho en las prácticas nada éticas de la política tradicional hondureña, Hernández Alvarado debió considerar que tendría a su favor una institucionalidad maltrecha y pervertida, pero institucionalidad al fin, y que a la postre, todo dependería de su astucia y su capacidad de maniobra para estructurar el tinglado que lo catapultara en su delirio de convertirse no sólo en presidente, sino en "el hombre fuerte de Honduras" al estilo de los dictadores del pasado. Sólo era cosa de esperar el momento.
Y ese momento llegó cuando el Congreso Nacional, copado por elementos radicalmente partidarios de sostener el status quo derivado del golpe de Estado, lo elevó a la presidencia de ese poder del Estado, tras el cuestionado triunfo de su correligionario Porfirio Lobo Sosa (2010-2014) Fue el momento del despegue.
A partir de ese momento Hernández Alvarado comenzó a mover las piezas de la estructura, como quien mueve con habilidad las piezas del ajedrez, lo que permitiría su ascenso a la presidencia del país,con condiciones de seguridad casi absoluta, en una futura elección , aún cuando no contara con la mayoría de votantes.
¿Cómo se hace "un hombre fuerte?
Con el ojo puesto sobre las instituciones del Estado que le provocaban dudas, consolidado ya en la posición clave de presidente del Congreso Nacional, no vaciló un ápice en defenestrar a los titulares de la Sala de lo Constitucional que no gozaban de su plena confianza. Teniendo en el puño la aplanadora de diputados en el Congreso Nacional, y contando además con un "pacto de gobernabilidad" suscrito con los viejos adversarios tradicionales del Partido liberal y de los mínúsculos partidos Democracia Cristiana y Unificación Democrática, cuyos congresistas son vitales en la sumatoria, esos movimientos debieron parecerle un juego de niños, dado que no había posibilidad matemática alguna de que las iniciativas que le interesaban, pudiesen ser derrotadas en las votaciones del legislativo. Esto era un punto clave, puesto que según el mandato constitucional resoluciones como las que a él le interesaban, requieren de una mayoría calificada de votos (86 de 128 diputados) para ser aprobadas, pero, además, tienen señalados plazos y procedimientos definidos por la misma norma, los que fueron violentados sin miramiento alguno.
Juan Orlando Hernández procede a juramentar a los nuevos magistrados del importante ente judicial.
Ver estos enlaces:
http://www.proceso.hn/component/k2/item/28528.html
http://www.elheraldo.hn/csp/mediapool/sites/ElHeraldo/Pais/story.csp?cid=573971&sid=299&fid=214
La misma suerte corrieron el Fiscal General y el Fiscal Adjunto del Ministerio Público, los que fueron sustituidos en altas horas de la noche, igual a como ocurrió con los miembros de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia
Juramentación del nuevo Fiscal General (arriba) y del Fiscal Adjunto (abajo), cuadros fundamentales en el proyecto político del entonces
presidente del Congreso Nacional Juan Orlando Hernández
Ver este enlace:
http://www.latribuna.hn/2013/09/01/cn-elige-nuevo-fiscal-general-y-adjunto-en-medio-criticas/
Sin detenerse en las consideraciones legales que señalan que la elección del Tribunal Supremo Electoral, debía ser efectuada por el próximo Congreso Nacional, viendo que esta era otra institución clave para sus propósitos politicos, Hernández Alvarado no vaciló en adelantar la fecha de esa elección, violentando lo señalado en la Constitución de la República. El objetivo evidente era asegurar el control de la maltrecha institucionalidad del país en beneficio de sus intereses personales.
Nuevos magistrados del Tribunal Supremo Electoral nombrados
arbitrariamente violentando las normas y plazos consignados en
la constitución de la repúiblica (Foto el heraldo hn)
Ver:
arbitrariamente violentando las normas y plazos consignados en
la constitución de la repúiblica (Foto el heraldo hn)
Ver:
http://www.elheraldo.hn/csp/mediapool/sites/ElHeraldo/AlFrente/story.csp?cid=566424&sid=300&fid=209
LA SUERTE ESTÁ ECHADA
Asegurado el control de la institucionalidad, Hernández Alvarado es declarado rápidamente presidente de Honduras por el Tribunal Supremo Electoral en las elecciones generales del 2013, sin que valgan los recursos de nulidad interpuestos tanto por Xiomara Castro de Zelaya, candidata del partido Libertad y Refundación como por Salvador Nasralla, candidato del Partido Anticorrupción. Todos los recursos de nulidad son desestimados, y a partir de la toma de posesión de Hernández de la presidencia de la república, comienza a advertirse la configuración de un gobierno de fuerza, en el que las Fuerzas Armadas cuentan con un papel protagónico singular. Figuras prominentes del golpe de Estado del 2009 son nombradas en puestos claves del nuevo gobierno. Como conocedor Hernández Alvarado de la conveniencia de contar con el respaldo de la institución armada para evitar futuros sobresaltos, desde el principio de su gobierno se hace evidente el apoyo económico y político hacia el cuerpo armado, en menoscabo de otros sectores como el de la salud pública y la educación. Él sabe bien que en Honduras, sin la participación de los militares, no pueden efectuarse futuros golpes de Estado.
Desde su posición anterior como presidente del Congreso Nacional, dio vía libre a la creación de nuevos cuerpos militares y policiales al mismo tiempo que creó leyes que blindan sus actos, como ejemplo, la ley de escuchas, la ley de secretividad de las operaciones del Estado, creación de la taza de Seguridad, etc. y consecuente con su deseo de contar con un ente armado bajo su dirección personal, creó la Policía Militar de Orden Público, a la que pretendió darle rango constitucional, extrayéndola del mando directo de la Jefatura de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas como lo señala la propia constitución de la república. Afortunadamente para el país, su iniciativa es derrotada en el Congreso Nacional, constituyendo este hecho su primera derrota importante en todo su proceso de ascenso al poder.
Asegurado el control de la institucionalidad, Hernández Alvarado es declarado rápidamente presidente de Honduras por el Tribunal Supremo Electoral en las elecciones generales del 2013, sin que valgan los recursos de nulidad interpuestos tanto por Xiomara Castro de Zelaya, candidata del partido Libertad y Refundación como por Salvador Nasralla, candidato del Partido Anticorrupción. Todos los recursos de nulidad son desestimados, y a partir de la toma de posesión de Hernández de la presidencia de la república, comienza a advertirse la configuración de un gobierno de fuerza, en el que las Fuerzas Armadas cuentan con un papel protagónico singular. Figuras prominentes del golpe de Estado del 2009 son nombradas en puestos claves del nuevo gobierno. Como conocedor Hernández Alvarado de la conveniencia de contar con el respaldo de la institución armada para evitar futuros sobresaltos, desde el principio de su gobierno se hace evidente el apoyo económico y político hacia el cuerpo armado, en menoscabo de otros sectores como el de la salud pública y la educación. Él sabe bien que en Honduras, sin la participación de los militares, no pueden efectuarse futuros golpes de Estado.
Desde su posición anterior como presidente del Congreso Nacional, dio vía libre a la creación de nuevos cuerpos militares y policiales al mismo tiempo que creó leyes que blindan sus actos, como ejemplo, la ley de escuchas, la ley de secretividad de las operaciones del Estado, creación de la taza de Seguridad, etc. y consecuente con su deseo de contar con un ente armado bajo su dirección personal, creó la Policía Militar de Orden Público, a la que pretendió darle rango constitucional, extrayéndola del mando directo de la Jefatura de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas como lo señala la propia constitución de la república. Afortunadamente para el país, su iniciativa es derrotada en el Congreso Nacional, constituyendo este hecho su primera derrota importante en todo su proceso de ascenso al poder.
Ante las críticas virulentas de una oposición mayoritaria, pero con una conducción errática y ostensiblemente dividida en sus intereses, y de cara a decisiones arbitrarias y claramente violatorias de la constitución de la república, ejecutadas por su gobierno, el presidente recurre al uso, entre otras técnicas de manipulación, del gastado expediente de culpar de todo lo malo que ocurre en el país a sus predecesores, específicamente al derrocado ex presidente Manuel Zelaya Rosales líder del partido Libertad y Refundación (Libre) su principal opositor político, acusándolo públicamente, junto con Salvador Nasralla, líder del Partido Anticorrupción de ser "aliados del narcotráfico y del crímen organizado". En ese empeño lo apoya la gran prensa corporativa afin a su gobierno, misma que desde los sucesos de Junio 2009 se identificó- igual que el propio mandatario- con el derrocamiento de Zelaya Rosales.
Pero en las calles de Tegucigalpa, la pintoresca y a la vez tensa capital hondureña, comienzan a escucharse los gritos de millares de ciudadanos agrupados en un nuevo e impredecible movimiento de oposición, movimiento que luce alejado de cualquier contaminación partidista, y que con puntualidad ejemplar, estuvo realizando los viernes de cada semana; movilizaciones cada vez más multitudinarias, lanzando consignas que, como mazazos de advertencia que sacudieron los muros, oficinas y pasillos, tanto de la casa de gobierno como la del partido nacional en el poder. "Fuera JOH" "Fuera JOH" "Exigimos la CICI para Honduras" "¿Cuál es la ruta? Sacar a ese hijoeputa". Son las "Movilizaciones de las Antorchas" simbolismo por antonomasia de los indignados de Honduras, que se repiten como un eco ominoso para el régimen, en las principales ciudades del interior del país. Su demanda es concreta: exigen la instalación de una Comisión Internacional contra la Impunidad (CICI) similar a la que en Guatemala tuvo un desenvolvimiento sorprendente en la investigación de actos de corrupción oficial, y que tuvieron como corolario la renuncia y encausamiento judicial del presidente Otto Pérez Molina, la vice presidenta Roxana Baldetti y otros funcionarios.
Pero para lograr la instalación de ese ente, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, es preciso que el presidente hondureño lo solicite oficialmente al organismo mundial, y eso es algo que, evidentemente, Juan Orlando Hernández no está dispuesto a hacer ¿por qué?
Frente a ese movimiento, el presidente Hernández ha utilizado además de la técnica del menosprecio y la minimización de las acciones populares, la de intentar adelantarse a sus demandas con propuestas parecidas en la forma pero esencialmente diferentes en el fondo. Salta a la vista que su interés fundamental es no perder el control total de cualquier ente que surja o se establezca en el país, en la lucha contra la corrupción. (Continuará)
Pero para lograr la instalación de ese ente, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, es preciso que el presidente hondureño lo solicite oficialmente al organismo mundial, y eso es algo que, evidentemente, Juan Orlando Hernández no está dispuesto a hacer ¿por qué?
Frente a ese movimiento, el presidente Hernández ha utilizado además de la técnica del menosprecio y la minimización de las acciones populares, la de intentar adelantarse a sus demandas con propuestas parecidas en la forma pero esencialmente diferentes en el fondo. Salta a la vista que su interés fundamental es no perder el control total de cualquier ente que surja o se establezca en el país, en la lucha contra la corrupción. (Continuará)






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