ARTE DE PENSAR

domingo, 9 de octubre de 2011

IMPERFECTO AMOR. Capítulo 3



Me encontraba aquel día en la segunda planta del edificio colegial, viendo el ir y venir de los jóvenes a la hora del recreo. Era impresionante aquel mar de estudiantes, los unos, sentados en círculos sobre la grama, los otros, charlando en parejas y otros más, corriendo o simplemente caminando por el amplio espacio del patio  rodeado de altos eucaliptos, cuyas ramas, mecidas por la brisa, inundaban el ambiente de un peculiar y saludable aroma.
Tan absorto estaba que no me di cuenta del momento en que aquella joven se situó a mi lado.
  -¡Hola profesor Bruno! –Dijo con su voz musical-¡Que bueno que lo encuentro! Quiero decirle que me gustó mucho su clase, la verdad, no sentí pasar la hora.
   -Gracias, eso me alegra, espero que sus compañeros piensen igual.
   -Estoy segura que si, muchos me lo han comentado.
   -Me alegro mucho. Y usted ¿Cómo se llama? Usted está en último año ¿no es cierto?
   - Si, en segundo de bachillerato. Mi nombre es Yalila. ¿Sabe una cosa? Yo pensaba que esa clase de filosofía iba a ser aburridísima. Muchas veces me pregunté por qué tiene uno que estudiar teorías de unos viejos que murieron hace siglos. ¿Para qué puede servirnos eso?
  -Entiendo su inquietud- repuse en tono comprensivo- Pero poco a poco se dará cuenta de que muchas de las ideas de esos hombres están hoy más vigentes que nunca. Ya lo verá, hasta podríamos decir que muchos de ellos fueron visionarios en su forma de apreciar el mundo, la vida, o a los seres humanos.
  -O estaban locos –sentenció ella soltando una risa juguetona- He leído algunas cosas que parecen absurdas…locura.
   Sonreí contagiado por el entusiasmo de la chica.
 -Le diré algo que espero no olvide, aunque estamos en recreo y más bien usted debería estar merendando.
   -Ya me comí dos bolsas de tostaditas- señaló alegremente- Me interesa más lo que quiere decirme ¿de que se trata, profesor?
   -Dos bolsas…¡Ah!... si… Hablábamos del absurdo ¿verdad? Lo que iba a decirle es que el absurdo es una escuela, mi querida señorita, lo es en filosofía y también en literatura. Una escuela que tiene muchos discípulos, ya veremos eso en clase…
Quedó pensativa un instante, luego, fijando en mí sus grandes ojos glaucos expresó:
 -Profesor ¿no se enoja si le hago una pregunta un poco…digo…personal?
  -Por supuesto que no
  -¿Está casado, profesor?
  -Sí, bueno… ¡No!... ahora –balbucee como si el recuerdo me estrujara.
  -¡Ah!... no trajo a su esposa con usted ¿No es cierto? –cortó ella.
  -Evidentemente – repuse casi entre dientes.
Sonrió vagamente, luego, tornó a ponerse seria
   -¿Y por qué, profesor?
  -Bueno…si no le importa prefiero no hablar de ello- dije un tanto sofocado.
   -Perdón, debe pensar que soy una metiche, pero ¿le puedo preguntar algo más?
Asentí con un movimiento de cabeza
  -Un hombre mayor como usted ¿Podría amar a una muchacha más joven? Quiero decir como…como…
   -¿Como alguien de su edad?- inquirí para ayudarla.
   -¡Si!..Como alguien...como una de nosotras sus alumnas.
   - No sería ético que me pusiera a enamorar alumnas- repuse un tanto nervioso- ¿Qué quiere que le diga?
   -Bueno…la verdad profesor, lo que piensa sobre eso, además... ¿Qué tiene que ver la ética con el amor?
En el cielo, profundamente azul, pasó en ese instante una bandada de tordos haciendo unas cabriolas increíbles en su vuelo.
 -Bien –repuse tratando de imprimir convicción a mis palabras- Yo no soy un puritano, señorita, ni mucho menos.  Esa situación que usted plantea se ha dado muchas veces, en otros tiempos y en otros lugares. No es algo muy común, pero ha sucedido. No sé si ha ocurrido aquí en Santa Marta de la Colina. En mi criterio es algo…
   -¿Absurdo? –señaló ella sonriendo intencionalmente.
 -Si –afirmé- absurdo para muchos, pero ¿lo será para los involucrados? Yo creo en un dicho, no sé si es italiano o de otra parte: “Lo que ha de ser, será”
La campana sonó en ese momento anunciando el final del recreo. En el patio algunos estudiantes se arremolinaron frente a las escaleras, tratando de alcanzar de primeros, el segundo piso.
  -¡El último es cuche!- gritó uno de ellos subiendo las gradas a toda prisa.
   -Vamos a clase- anuncié a mi alumna
   -¿Qué hará el sábado, profesor?- inquirió ella caminando a mi lado por el largo pasillo.
  -No sé…no tengo un plan por ahora.
 -Vaya a visitarme a mi casa. Saldremos a caminar, y podré mostrarle algunos lugares bonitos de Santa Marta de la Colina.
  -Bueno…no sé si será conveniente…
  -¿A qué le tiene miedo? No haremos nada malo-expresó con énfasis.
   Me sentí desarmado
   -Tiene razón, además, me gusta la idea. Nos veremos el sábado, a las dos de la tarde ¿está bien?
   -Lo espero entonces- dijo, esbozando una dulce sonrisa.
La miré alejarse presurosa en dirección a su aula, también yo apuré el paso, a esa hora me tocaba servir clase en un aula ubicada en un extremo del edificio, seguramente los alumnos ya deberían estar esperándome.






Libro: Imperfecto amor. J. Winston Pacheco
Imagen/ www.minube.com





  






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